Rima XXIII: El Oasis de Kairós

Posted by : Mashey Shumey (Juan Carlos Loaysa) | miércoles, 8 de julio de 2009 | Published in

Los oscuros ojos del desterrado contemplaron el firmamento, aún no había oscurecido. Era ese extraño momento de la primavera en la que el empíreo aún conserva la candidez y, en el que, sin embargo, ella ya ha comenzado a reinar sobre los mortales. Una luna llena sobre el horizonte, pálida, dejando un rastro sanguinolento allí donde se había precipitado el herido de muerte.

Por una mirada, un mundo…

La música de las esferas volvió a cobrar vida solo para ella. La sigilosa noche había reclamado sus predios y el mundo se sumergía en ella. La oscuridad, la bella y tierna oscuridad, daba nueva vida a la realidad. Una nueva noche, un nuevo juego… Agitó con gracia la melena, a la que la luna había dotado de un brillo dorado y rojizo. Sus iris verdiazulados, en realidad grises, con tonos azules y reflejos verdes, contemplaron la espesura. Su cuerpo inició la danza, los planetas, las esferas estelares y el mundo tocaban para su mirada.

Por una sonrisa un cielo…

El cazador, oculto en la espesura, contuvo el aliento. Allí se encontraba de nuevo, en el lugar de las ánimas sin descanso. Hija de la Luna, la había bautizado, la Dama Oscura también le llamaba en su fuero interno, en un vano intento de hacerla suya. Contuvo el aliento mientras que una ráfaga de viento surgida no se sabía de dónde agitaba su oscuro y largo cabello, allí estaba. Una frágil y contenida sonrisa había descendido del firmamento…

por un beso... ¡yo no sé

que te diera por un beso!

Un pensamiento compartido, una locura que ambos conocían. Dos seres de dos mundos diferentes contemplándose en un oasis de Kairós.


Sevilla, 2009

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