La muerte en batalla.

Posted by : Mashey Shumey (Juan Carlos Loaysa) | domingo, 29 de noviembre de 2009 | Published in

Anochecía. Selene nacía tras las cordilleras alpinas que lo separaban de casa. Allá en el horizonte se ocultaba la Ciudad, la vencedora del Caos, la instauradora del Orden, de su orden, de la pax romana del princeps Augusto. Allí se ocultaba la civilización, el pensamiento, lo más excelso del Cosmos, pero, a la vez, la venalidad estaba latente, la codicia ensombrecía cada blanco mármol. Era la Civitas que le había mandado más allá del pensamiento. La Civitas que había transgredido sus fronteras para tomar la madura fruta que se le ofrecía a su enjoyada mano senatorial.


El viento ululaba en el bosque. La pinocha de los abetos se sacudía bajo el tremendo bóreas. La nieve caía dura y sin piedad sobre el campamento, ya perenne, que se alzaba cómo último bastión de la gloria romana en el último limes administrado por la Urbe. El río, oscuro y gélido, corría en silencio sobre la pulidas piedras indiferentes a su orilla


Marcus tenía la oscura mirada perdida en el infinito. El aliento exhalado se convertía en frío vaho. En la oscura cabellera se formaba escarcha húmeda. Una capa azul le caía por los hombros que se movía al compás de sus pasos mientras hacía la rutinaria guardia. Su mente estaba a muchas millas de la lejana posición de la Galia Superior. Las musas lo conducían en su alado carro hasta una región perdida en la memoria de Tempus. Lo conducían allá donde el sol calentaba las verdes vides y los plateados olivares, allá donde el oro se confundía con el verde, allá donde el río se unía al mar en un eterno beso de pasión bajo la mirada del firmamento. Allá donde ella estaba al mando, allá donde ella reinaba sin discusión, allá donde ella...


El sonido de un cuerno rompió la noche. Las trompetas de cobre se aprestaron a la lucha. Los legionarios formaron bajo las Águilas, los centuriones recorrían las filas. La batalla se dirimiría en el cuerpo a cuerpo, no había tiempo para estrategias. Todos sabían que la muerte les esperaba en las heladas pupilas de los bárbaros que nunca habían conocido las riberas del cálido cosmos. Morirían en la frontera entre el cosmos y el caos, allí donde los sueños dejan de serlo para tornarse en pesadillas, sin perder su seductora belleza.


Un lamento quebró las almas, el dolor desgarró los corazones, suaves lágrimas resbalaron por las níveas mejillas desde los verdes ojos arrasados. El sol había perdido el esplendor, el amor se había agostado en la primavera. La muerte a quien nadie respeta se lo había llevado. Su corazón sangraba en la amargura. De los oscuros labios nació un silencioso suspiro de dolor que ascendía por la perlada garganta y que nacía del dolorido pecho.

Huelva, otoño del 2005

Poderoso Caballero es Don Dinero

Posted by : Mashey Shumey (Juan Carlos Loaysa) | jueves, 26 de noviembre de 2009 | Published in

Madre, yo al oro me humillo,
Él es mi amante y mi amado,
Pues de puro enamorado
Anda continuo amarillo.
Que pues doblón o sencillo
Hace todo cuanto quiero,
Poderoso caballero
Es don Dinero.

Nace en las Indias honrado,
Donde el mundo le acompaña;
Viene a morir en España,
Y es en Génova enterrado.
Y pues quien le trae al lado
Es hermoso, aunque sea fiero,
Poderoso caballero
Es don Dinero.

Son sus padres principales,
Y es de nobles descendiente,
Porque en las venas de Oriente
Todas las sangres son Reales.
Y pues es quien hace iguales
Al rico y al pordiosero,
Poderoso caballero
Es don Dinero.

¿A quién no le maravilla
Ver en su gloria, sin tasa,
Que es lo más ruin de su casa
Doña Blanca de Castilla?
Mas pues que su fuerza humilla
Al cobarde y al guerrero,
Poderoso caballero
Es don Dinero.

Es tanta su majestad,
Aunque son sus duelos hartos,
Que aun con estar hecho cuartos
No pierde su calidad.
Pero pues da autoridad
Al gañán y al jornalero,
Poderoso caballero
Es don Dinero.

Más valen en cualquier tierra
(Mirad si es harto sagaz)
Sus escudos en la paz
Que rodelas en la guerra.
Pues al natural destierra
Y hace propio al forastero,
Poderoso caballero
Es don Dinero.

Francisco de Quevedo y Villegas

Alicia

Posted by : Mashey Shumey (Juan Carlos Loaysa) | viernes, 13 de noviembre de 2009 | Published in

Alicia siguió al conejo blanco y a través de la madriguera cayó por el agujero y sus ojos contemplaron un Mundo de Maravillas. Morfeo la llevó de su mano por el extraño País de los animales parlantes, que razonaban sinrazones, y de los serviles naipes.

¡Qué le corten la cabeza!

Un grito en mitad del sueño que atrajo la confusión, los naipes se barajaban entre ellos ajenos a las órdenes de la Reina de Corazones, cuya afilada espada pendía sobre la cabeza de la niña rubia. Entretanto, a orillas de un río, una dríade de ojos de miel, silenciosa y meditativa, estaba sentada sobre una piedra cubierta de moho. Ocultaba su cabeza entre sus brazos y las lágrimas se agostaban en sus párpados mientras acariciaba una pluma de avestruz.

La hora del té se acercaba, el momento en que don Tiempo había dejado a los dos amigos que discutían con un lirón durmiente

Un camino de rayas blancas había emprendido, saltando de una a otra, mientras contemplaba el País de las Maravillas con el asombro de sus siete años.


Sevilla, 2009