Traductriz en proceso

Posted by : Mashey Shumey (Juan Carlos Loaysa) | martes, 12 de octubre de 2010 | Published in

–¡Hola! –dijo Mashey.
Todos los lectores lo miraron con asombro, era la primera vez que se dirigía a ellos directamente, bueno, todo lo directamente que podía. ¿Qué querría? Hacía tiempo que no les dirigía la palabra…
–Prestad atención unos instantes, por favor. Cómo ya sabéis, solo tenéis que mirar los blogs, hace tiempo que no publico nada. No he tenido ni tiempo ni ganas, la verdad.
El lyqash se quedó unos instantes pensativo, sus ojos amarronados se perdieron en el infinito, mientras una mano, actuando por sí sola se atusaba un mechón rebelde de su larga cabellera.
Todo el mundo se quedó en suspenso, esperando las siguientes palabras del autor de los Anales Drogheda.
–No sé si conocéis a Dafne, –alzó la voz el lyqash– es una dríade de la Arcadia, hija del río Peneo. Ahora se ha ido al país de los bávaros, en la Germania Inferior. ¿Queréis conocer sus aventuras? Yo espero que sí…
Un murmullo surgió entre los reunidos, algunos la conocían, otro no…
–Pues si queréis podéis conocer sus aventuras en:


Narra la historia de cómo una Ninfa asaltó Europa… –Mashey se calló y se increpó– shshs, cállate. No quiero desvelaros nada. Corred a verla y dadle un saludo de mi parte.

No es oro todo lo que reluce, ni toda la gente errante anda perdida

Posted by : Mashey Shumey (Juan Carlos Loaysa) | miércoles, 1 de septiembre de 2010 | Published in


No es oro todo lo que reluce

ni toda la gente errante anda perdida;

a las raíces profundas no llega la escarcha,

el viejo vigoroso no se marchita.


De las cenizas subirá un fuego,

y una luz asomará en las sombras;

el descoronado será de nuevo rey,

forjarán otra vez la espada rota.

Rivendel, Bilbo Bolsón

Relatos de Lucidez

Posted by : Mashey Shumey (Juan Carlos Loaysa) | sábado, 31 de julio de 2010 | Published in

−No te pago para esto –me llegó el potente vozarrón desde la puerta de mi habitáculo, por llamar de algún modo a lo que encerraban esas horribles paredes prefabricadas.
Levanté los ojos y lo miré por encima de las gafas, quienes habían decidido colocarse en la punta de mi nariz. Pausé la película y me quité los cascos mientras veía como mi jefe se iba convirtiendo lentamente en una incandescente bola de fuego.
“En realidad hace meses que no me pagas” pensé, pero no quería alimentar la hoguera.
Hacía meses que no publicaba nada, trabajaba en la sección de relatos de una revista y se suponía que debía producirlos como churros, una máquina perfectamente engrasada. Pero un día, de pronto, las ideas se esfumaron de mi mente. Y el muy cabrón no me dio vacaciones, al contrario, me envió a un loquero.
Quizá con las historias que le contaba al hombre bajito y calvo que me miraba en su amueblada consulta y hacía como que me escuchaba podría haber sacado material para un relato de terror. Pero estaba demasiado hastiado. Mi imaginación y mis ganas de trabajar habían emigrado al País de Nunca Jamás, quizá pensando que allí no madurarían…
La bola de fuego en potencia me seguía mirando, creo que esperaba una respuesta.
−Esto… −comencé− sé que tengo dos relatos empezados y que se han quedado parados. Pero las Musas se han ido.
En cierto modo era verdad, mi Musa se había ido al otro lado del Atlántico y no sabía si volvería. Había intentado sumergirme en el trabajo para huir de ello, pero no había funcionado, el hombre calvo me dijo que me enfrentara con la realidad y la superara, y así, a partir de lo que él denominaba realidad mi capacidad de narrar historias había acabado en el fondo de la papelera de ese horrible despacho.
La bola de fuego iba a explotar de un momento a otro… La cuenta atrás había empezado. Y de pronto:
−Márchate, −dijo− vete a por ella o inicia una búsqueda de las Musas o haz lo que te dé la gana. Pero dentro de un mes te quiero a pleno rendimiento aquí.

El mundo empezó a dar vueltas cuando el significado de sus palabras caló por fin en mi mente. ¿Estaría enfermo? ¿Había empezado a delirar? ¿Qué le pasaba a Richard?

Un espantoso zumbido empezó a sonar en el habitáculo. Me desperté sudando y sacudí la cabeza. Hoy tendría tema de conversación con el loquero.

Sevilla, Verano del 2010

Años de paz

Posted by : Mashey Shumey (Juan Carlos Loaysa) | martes, 15 de junio de 2010 | Published in

Ania contemplaba el mar desde el balcón de la casa de Amílcar, la bahía se mostraba tranquila, con un suave poniente que refrescaba la atmósfera. De la mano del fenicio estaba descubriendo quién era su marido, sin embargo había aspectos que ella guardaba para sí, eran su tesoro. Los años que habían pasado juntos en Gades no figuraban en los archivos que habían estado estudiando ya que pertenecían a la carrera, el Cursus Honorum “civil” de su marido.

La boda había sido maravillosa, la ceremonia se había hecho por confaerratio, figura que ya casi no se utilizaba ya que ataba a los esposos de por vida, sin posibilidad de ser anuladas a no ser que se cometiera flagrante adulterio. Marcus había adquirido una domus en la ciudad, dejando la villa de la Isla en manos de sus administradores y allí se mudaron. Ese mismo año se presentaba a las elecciones de duunvir. Aunque Gades tenía el rango de foederati había tomado las instituciones de los municipios romanos debido principalmente a que numerosos caballeros de Roma habían trasladado sus residencias a la ciudad.
Marcus pertenecía al Ordo Ecuestre, una clase social casi tan antigua como Roma, a la que el Imperio había elevado a su actual posición de Administradores del Estado. Marcus había iniciado su carrera ecuestre hacía pocos años y esperaba emular a algunos de sus antepasados obteniendo la adlectio imperial que le permitiría ingresar en el Senado romano. Ania sabía lo que aquello había significado: muchos años de separación.
Sin embargo en esa época eran felices juntos. Marcus estaba haciendo una gran carrera en el foro de la ciudad, no solo defendía a los caballeros romanos, sino que también se interesaba por los problemas de los ciudadanos gaditanos. Gades era una ciudad rica gracias a su comercio con la púrpura, casi de igual calidad que la tiria, y los fabricantes conservaban celosamente su secreto. También eran muy importantes los armadores romanos que habían instalado allí sus bases para el transporte del aceite de la Bética a Roma. En suma, los duunviri de Gades tenían que contender con los problemas derivados de gobernar la segunda ciudad más importante del Mediterráneo Occidental.
Marcus fue elegido duunviro y, junto con su colega, gobernaron la ciudad durante su año de mandato. Fue un año de paz. Dejó su puesto con fama de justo y de gran administrador, no tuvo que afrontar ninguna crisis. Tras dejar su servicio a la ciudad, los romanos no cobran por gobernar ya que se considera un honor desempeñar tal función, y pasó a ser un privatus.
Sin embargo un día todo cambió. Llegó un correo de Roma con órdenes de personarse en la Urbe lo antes posible. Era una gran oportunidad para su carrera. Y hacia allí marchó, muchos meses después me llamaría a su lado.

Sevilla, 2010

Hija de la Luna

Posted by : Mashey Shumey (Juan Carlos Loaysa) | miércoles, 9 de junio de 2010 | Published in

La Luna imperaba en el firmamento, iluminando las plateadas hojas del bosquecillo donde dormía al amparo de los ancianos árboles. Había bailado toda la noche al son de la música de las esferas, contemplando a su madre y acompañada por Baco y su séquito. El elixir del señor de la fiesta había corrido como un río salvaje y ahora se convertía en una danza sin fin.
Sus ojos, que contenían el estrellado firmamento, habían contemplado las hogueras en torno a las cuales sus gráciles pies, enfundados en sandalias, habían danzado.
Su dulce rostro miraba con curiosidad a los personajes que la rodeaban y sonreía a todos con sus labios de coral que iluminaban la noche como un lucero en medio de la oscuridad.
A su lado estaba el guerrero de larga melena que la acompañaba en la mayoría de sus aventuras y con el que compartía su vida. Ambos iniciaban la danza y ambos la finalizaban. Cuando la madre Luna se retiró ella se recostó en un árbol y el silencio se hizo en el bosque. Ella dormía entre los árboles y en un abrumador instante de ensueño, se formó una sonrisa en sus suaves labios de coral.

Córdoba, 15/IX/2009 – Sevilla, 9/VI/2010

Mauri

Posted by : Mashey Shumey (Juan Carlos Loaysa) | martes, 1 de junio de 2010 | Published in

La mañana casi había terminado cuando Ania despertó en la alcoba que Amílcar le había cedido. Una sierva esperaba para atenderle en las abluciones de la mañana. Cuando estuvo lista, Amílcar le salió al encuentro:
−He traído a un pedagogo para tu hija –y añadió− tu hijo ya tiene la edad suficiente para asistir a nuestras reuniones.
Una vez en el despacho de Amílcar los tres se volcaron sobre un pequeño fajo de documentos que estaban clasificadas bajo el nombre de bellum maurum

“La Guerra de los Mauri que Marcus Aelio Simnote me relató el día que nos conocimos comenzaba una tarde en la que la Legión descubrió la retaguardia del ejército enemigo. Las trompetas de la legión resonaron por la llanura llamando desafiantes a las hordas de mauri. Vestidos con pieles, cascabeles resonantes, tambores de cuero, la algarabía era tremenda. Los caballos, veloces y atléticos, danzaban alrededor de los guerreros.
Una lluvia de flechas cayó sobre los romanos. Sus escudos les protegieron. El Águila Imperial se elevaba impávida sobre nuestras cabezas, muchos hombres le pidieron la protección de la diosa Roma. Nuestros arqueros respondieron. El caos cundió en el ejército mauro.
La legión avanzó como un solo hombre, los escudos protegiendo el frente y los flancos. Marcus se encontraba junto a Victorinus y desde la loma contemplaban como el ondeante estandarte mauro daba órdenes a sus tropas. La legión avanzaba compacta hacia el enemigo.

Victorinus alzó la espada llamando a la caballería y lanzó la carga. La carrera fue rápida. Lo único que Marcus recordaba era que al momento siguiente estaban tras las líneas enemigas. Su espada chorreaba sangre y la respiración estaba agitada. Victorinus estaba dando las órdenes para reagruparnos. Lanzó una nueva carga, su casco relucía al sol, la espada bajaba y subía. Gritos de ánimo escapaban de vez en cuando de su garganta. Los hombres lo seguían con fiereza. Alejandro estaba en la batalla.

Los legionarios habían llegado al fragor de la batalla. El impacto fue terrible. Los hombres empujaban con sus largos escudos los cuerpos de los mauri. Estos intentaban defenderse con sus largas lanzas sin utilidad en la lucha cuerpo a cuerpo. Las lanzas fueron sustituidas por los largos cuchillos que se enfrentaron a las espadas de Roma.
La batalla decaía. El agotamiento se cernía sobre los soldados. Los mauri se defendían con desesperación. La sangre bañaba el blando suelo regado por el Betis. Los caballos, sin jinetes, huían desbocados. Poco a poco los mauri cedieron ante el empuje del Águila.
La resistencia del ejército mauro se quebró definitivamente. El Águila atravesó el duro lomo del Elefante mauro. La estampida fue violenta. En un último arranque la desorganizada caballería mauri se abalanzó sobre nuestras filas. Los caballos saltaban sobre los hombres ensartándose en los afilados pilum.

Cuando la noche desplegó su manto, las brillantes estrellas sorprendieron a los mauri en franca retirada. Victorinus dio la orden de persecución. La invasión en el Sur había sido parada, las legiones africanas se encargarían de expulsar a los restos de ejército mauro.”

Ania dejó el pergamino sobre con los ojos empañados por las lágrimas. Amílcar puso una mano sobre su hombro y le dijo:
−Lo volvería a ver dos años más tarde, cuando se había casado contigo y cumplía misiones en la Urbe.

Barcelona, 2007- Sevilla, 2010

Criptocristiano

Posted by : Mashey Shumey (Juan Carlos Loaysa) | miércoles, 21 de abril de 2010 | Published in

−Poco después de esa guerra nos conocimos y nos casamos −dijo Ania.
−Lo sé −respondió Amílcar− yo estaba allí, aunque no me recuerdes.
Ania asintió, aún quedaba bastante noche, muchos pergaminos estaban esparcidos por la mesa del comerciante y la historia solo había comenzado…
−Vuestro esposo me reveló un secreto que en este Imperio puede llegar a ser un delito de lesa majestad −dijo Amílcar− era cristiano y aquí podéis leer el relato que me hizo esa noche.
Ania tomó el pergamino en sus manos y comenzó a leer…

La Legión VII Gémina se puso en movimiento con las primeras luces del nuevo día. Nos había llegado el desesperado mensaje de la Bética: los mauri eran una imparable invasión. El legado Victorinus puso en pie a los soldados para emprender la larga marcha hacia el Sur. Cruzamos la península a marchas forzadas para, finalmente, entrar en la Bética por el sur de la Lusitania.

Esa noche las estrellas tenían un especial brillo, Victorinus se alejó del campamento. Ya lo había hecho otras veces y yo movido por la curiosidad me decidí a seguirlo. Los altos álamos de pálido tronco eran iluminados por la suave luz plateada. Del oscuro suelo en tinieblas nacían verdes piedras húmedas en afloramientos de esmeralda.

Se adentró por el bosque hasta alcanzar un llano, yo me escondí entre los arbusto cercanos. Victorinus se arrodilló en la oscuridad y extendió los brazos recortados contra el cielo. Con la mirada contemplando el tachonado firmamento elevó la plegaria:

“Dios mío y Señor mío ayúdame en esta hora. Dame tu valor en la batalla. Que tu Santo Hijo me acompañe en la lucha y su Espíritu me fortalezca en la necesidad.”
Yo escuché estas palabras asustado pero a la vez con un inmenso placer. El legado del emperador era cristiano, al igual que yo. Hace falta mucho coraje para ser seguidor de Jesús en esta época como bien sabrás, Amílcar.

Yo por mi parte me retiré, pero un ruido quebró mi huida. Victorinus me descubrió, sin embargo dejó que me fuera. Aunque nunca olvidaré su mirada teñida de desafío.
A partir de esa noche no dejé de preguntarme si en realidad me había visto y, de ser así, porque no me llamaba a su presencia. Entre tanto él cabalgaba al frente de la Legión, su roja capa alzada por el tórrido viento del sur hispano. El plateado casco, con la tupida crin, despedía destellos de sol. Sus oscuros ojos sondeaban el horizonte, estando pendiente de las necesidades de su ejército. Paseando durante las paradas entre los grupos de legionarios animándoles a la batalla, exhortándoles a hacer un buen trabajo, a cuidar cada detalle de la vida cotidiana. En suma, preparándolo todo para el más que posible enfrentamiento.

La noche antes del enfrentamiento con el enemigo, aunque aún no sabíamos que éste estaba tan cerca, Victorinus me llamó a su tienda. Me encaminé allí temeroso.
–Buenas noches, Aelio –me saludó– pasa y toma asiento.
Me ofreció una copa de vino y a continuación dibujó con un palo un pez en la tierra batida:
–¿Sabes que significa esto?
–Es el símbolo de los seguidores de Cristo, los cristianos −apenas podía hablar.
– Muy cierto, ¿conoces algo de ellos? –sus oscuros ojos me miraron bondadosos.
–Sí, fui bautizado en esa religión cuando era pequeño, mi madre es cristiana. Aunque me dirijo poco a Cristo –confesé.
Victorinus se levantó de la silla:
–Pues ya es hora de que empieces. Comienza por pedir al Señor que nos conceda la batalla –con un gesto me retiró la audiencia.
Yo salí de la tienda bastante sorprendido. Desde ese día rogué al Señor que nos ayudase en la batalla como le había oído pedírselo a Victorinus.

Ania levantó los ojos llorosos del pergamino, mientras lo leía le había parecido oír las palabras de su marido hablándole a través de la tinta oxidada. Ella sabía que la educación de su marido, nacido y educado en Barcino, se había visto influenciada por la nueva religión oriental, pero ignoraba que sus creencias fueran tan fuertes.
Amílcar guardó silencio mientras contemplaba el dolor de la mujer de su amigo. Se levantó pesadamente y le puso una manta sobre los hombros.
−Duerme −dijo− mañana te contaré como tu marido fue un héroe.


Barcelona, 2007- Sevilla, 2010

MMDCCXLIII ab Urbe Condita

El Tribuno

Posted by : Mashey Shumey (Juan Carlos Loaysa) | martes, 13 de abril de 2010 | Published in

Hace muchos años, a mediados del reinado de Marco Aurelio, la provincia de la Bética se vio invadida por una Confederación de tribus norteafricanas. Aprovecharon que el Imperio estaba en guerra en su limes oriental para atacar lo que creían una tierra indefensa. En el trascurso de esa guerra, por una afortunada casualidad Marcus y yo nos conocimos...

Atardecía. El sol se desplazaba lentamente hacia el brumoso océano. Un hombre cabalgaba por la calzada que corría junto a un bosquecillo, parecía tener prisa por lograr su objetivo. El caballo estaba al límite de su resistencia, la espuma le corría por la boca. El eco de los cascos sobre la piedra resonaba en la soledad sombría.

El valle del río Betis se abría para abrazar con ternura las zonas lacustres de las marismas, donde el río se uniría eternamente al océano. El jinete abrumado por el cansancio de la galopada se curvaba sobre la silla. Las piernas colgantes apenas apretaban ya los costados del noble bruto.

El caballo percibiendo la falta de control del jinete se fue deteniendo progresivamente. El jinete, amodorrado, le dejó hacer. Pararon junto al camino. El caballo se acercó a los helechos.

De entre la maleza surgió un hombre que se encaminó decidido hacia el jinete tumbado sobre la dura tierra. El caballo lo miró de reojo, pero siguió pastando tranquilamente. El hombre contempló al jinete un tiempo y satisfecho con lo que veía se acercó aún más:
−¿Cómo os llamáis y qué estáis haciendo aquí?− preguntó el hombre. El otro se incorporó como una flecha.
−Un romano −suspiró el jinete−. Salve. Me llamo Marcus Aelio Simnote, Tribuno de Aufidius Victorinus.
−Yo soy Amílcar Psímaco, ciudadano romano de Gades. ¿Cómo va la guerra? −Amílcar pensó un momento− pero antes de hablar vamos a mi casa donde podrás recuperarte.

La luna había comenzado su curso por el firmamento cuando llegaron a una casa en el corazón del bosque. Los árboles crecían altos a su alrededor, ésta era de ladrillos, sencilla pero muy fresca. Estaba protegida de la noche de las marismas por densas esteras de junco. Presidiendo la sala se alzaba una imagen de Hércules– Melkart.
Amílcar sirvió dos copas de vino y puso sobre la mesa una bandeja con carne fría:
−Siento la frugalidad de la comida, pero desde que empezó la invasión estoy viviendo aquí. ¿La ciudad todavía resiste? ¿Las puertas del templo continúan abiertas?
−La guerra contra los mauri está casi concluida, aunque ha sido tan difícil. Es una larga historia −dijo Marcus.
−Bien. Pues resumidla −sentenció Amílcar.
−De acuerdo. Cómo sabéis las hordas entraron cruzando las columnas de Hércules procedentes de la provincia de Mauritania; eran los mauri. Entraron devastándolo todo, el pillaje asoló la fértil Bética…







Barcelona, 2007- Sevilla, 2010

El testamento

Posted by : Mashey Shumey (Juan Carlos Loaysa) | lunes, 5 de abril de 2010 | Published in

Las luces de mansión del comerciante Amílcar, en Gades, aún no se habían apagado. En el despacho del señor de la casa tenía lugar una reunión singular. Amílcar había llevado a Ania y a su familia a su hogar, ahora los niños dormían mientras que ambos estudiaban la documentación que el púnico había reunido a lo largo de los años. Esta consistía en una amplia colección de cartas, firmadas todas con el sello el Marcus. La cabeza de un lobo se repetía en todos los documentos, certificando que le pertenecían. Muchos de estos documentos estaban escritos en clave, otros en latín, griego y púnico.

−Los he estudiado y clasificado −dijo Amílcar− he transcrito los documentos encriptados y he podido reconstruir la vida de tu marido a partir de ellos. Tu marido no fue solo un Caballero del Imperio, también era un Legado Imperial y, en secreto…

Amílcar se interrumpió, sus ojos negros se dirigieron a Ania, mientras una sonrisa se extendía por su rostro. La mujer lo miró, sus ojos verdes se clavaron en el púnico y sacudió la oscura melena para despejarse:

−Estoy bien −dijo mirándole fijamente− continúa por favor.

−Muy bien −asintió Amílcar− pero antes te tengo que explicar un poco la situación política en que vivió tu marido.

−Desde hace generaciones diferentes familias hispanas han ocupado asientos en el Senado de Roma, incluso algunos, como el divino Trajano, han llegado a ser emperadores. Tras la experiencia con la familia Julia y las Guerras Civiles que se han desatado por alcanzar la púrpura del princeps, los siguientes emperadores decidieron nombrar sucesores a aquellas personas que presentaran capacitación para el mando, para estar al frente de una Administración tan compleja como es la de Roma. Así Nerva adoptó a Trajano, este a Adriano, y este preparó a sus sucesores, Antonino, Marco Aurelio y Lucio Vero. Marco Aurelio y Lucio Vero eran una pareja formidable, unos emperadores como jamás los tuvo Roma. Ambos gobernaros conjuntamente hasta la muerte de Vero, cuando Marco Aurelio empezó a gobernar en solitario….

Marco Aurelio gobernó un Estado en guerra en todas sus fronteras y en el interior, se enfrentó a facciones del Senado y dilató el nombramiento de un heredero durante mucho tiempo. En sus últimos años de vida compartió el poder con el César Cómodo, quien ostenta ahora la púrpura. No obstante, gran parte del Senado no estaba de acuerdo con esta decisión, el legado de Nerva se rompía ya que, en su opinión, Cómodo no tenía cualidades para gobernar. Las conspiraciones son muchas y el empleo de los agens in rebus numeroso. Marcus era uno de ellos, pero comencemos por el principio, la noche es joven todavía.



Sevilla, 2010

El funeral

Posted by : Mashey Shumey (Juan Carlos Loaysa) | lunes, 29 de marzo de 2010 | Published in

D.M.S

M. AEL. SIMNOTE.
EQ. T.M. D.M.GAD.
P.URB. L.I.GER.
XXX ANN.
H.S.E. S.T.T.L.

Ania lloraba delante de la fría piedra que señalaba el lugar de sepultura de su marido. Su cabello oscuro caía suelto en señal de duelo, flanqueándola se encontraban sus hijos, un joven de dieciséis años, que pronto seguiría los pasos de su padre y una niña de pocos años de edad. Lloraba por la pérdida de su marido, sin embargo apenas lo conocía. Había pasado la mayor de la vida que llevaban casados ocupado en diversas misiones al servicio del Estado, o lo que era lo mismo, al servicio del emperador. Y ahora lo único que le quedaba de él era esa fría lápida de mármol con el epígrafe inscrito en ella y una exigua renta que, sin duda, nadie le haría llegar.

−Consagrado a los dioses Manes. Marcus Aelio Simnote, Caballero, Tribuno Militar, Dunviro del Municipio gaditano, Pretor Urbano, Legado del Emperador en Germania. De treinta años, aquí yace, sea te la tierra leve −leyó una voz− descansa en paz amigo.

Un anciano se había colocado silenciosamente cerca de la familia y había leído la inscripción.

−Ha tenido una vida completa, llena de honores −dijo Ania− pero es un pálido reflejo de lo que realmente fue su vida
−Cierto −asintió el anciano− en ella no se cuenta nada de su vida

Ania se volvió hacia el anciano con la curiosidad reflejada en los ojos:
−¿Qué conoces de su vida anciano?
−Permitid que me presente −dijo este− me llamo Amílcar Psímaco, ciudadano romano de Gades. Conocí a tu marido hace muchos años, durante la guerra de los mauri, allí me hizo guardián de la historia de su vida: de la historia secreta de su vida.
−¿Secreta?− dijo Ania.
−No creo que Marcus muriera en la guerra contra los germanos, creo que fue asesinado por orden del emperador− susurró.
Ania abrió los ojos sorprendida:
−¿Cómo es posible?
−Vuestro marido era agens in rebus, encargado de la cosas −dijo Amílcar− un eufemismo imperial para designar a los agentes secretos. Necesitas saber su historia para reclamar al Fisco lo que te corresponde por derecho.


Sevilla, 2010

Los Viejos Dioses

Posted by : Mashey Shumey (Juan Carlos Loaysa) | martes, 23 de marzo de 2010 | Published in

Las casualidades de la vida...

Quizá sea anagké, como dirían los griegos, o, seguramente, mera coincidencia.

En el año 2009, un 22 de enero, tras pensarlo bastante me decidí a abrir un blog: Los Relatos de Mashey, con la idea de colgar mis relatos y compartirlos con otras personas. Sin embargo pronto me ví absorvido por la historia de César y Helena, que ya dura en el tiempo. Relatos me ha servido como laboratorio para experimentar en el mundo de los blogs y conocer la acogida de mis historias entre el público, sin embargo, pronto se quedó pequeño. Y así fue como, otro 22, esta vez en el mes de mayo, nació este blog en el que os encontráis, Héspera, formado por retazos de viejos relatos y trozos de una novela que no se publicó, Héspera, el atardecer de Hibernia.

Ayer, 22 de marzo, El Aprendiz de Historiador, Bardo y yo abrimos un nuevo blog: Historias de los Viejos Dioses. En el fondo es el resultado de cientos de conversaciones, acerca de lo humano y lo divino, en la cafetería de la Facultad de Filosofía y Letras de Córdoba, donde las inquietudes de tres estudiantes que estaban acabando la carrera construían castillos de hipótesis, fortalezas de artículos, ciudadelas de ideas...
En fin, el propósito de este blog, que comparte con el relato de Leyenda de un Sueño, es hacer llegar la mitología, principalmente grecolatina, aunque espero que no solo, a todo aquel que quiera leerlo, a través de relatos, artículos, críticas de cine y literarias y todo aquello que se nos ocurra.

Espero que lo disfrutéis, un saludo a todos

El hijo de la Argiva. El desafío

Posted by : Mashey Shumey (Juan Carlos Loaysa) | lunes, 22 de marzo de 2010 | Published in

Un hombre contemplaba las olas del Ponto estrellarse contra las costas de la Isla de Sérifos. Estaba en la playa rememorando los hechos que acababan de acaecer en la isla: su hermano Policdetes acaba de dar un golpe contra la monarquía de la isla y se había autoproclamado rey. Pronto las cosas volverían a su cauce, pero conocía el carácter voluble de su hermano y rogaba a los dioses que sus desafueros no fueran más allá del umbral del palacio que ahora ocupaba.
En ese momento se fijó en un objeto que la corriente había dejado en la playa, un enorme baúl de madera con refuerzo de hierro. Se acercó prudentemente, un regalo de Posidón siempre podía ser peligroso. El cofre se estremeció, una voz parecía salir de él. El hombre tiró de él hasta un lugar seco y lo abrió. Se quedó atónito al descubrir a una bella joven que la miraba temerosa, la ayudó a salir y entonces se dio cuenta de que estaba embarazada:
“Me llamo Dictis” se presentó.
“Yo soy Dánae, hija de Arcisio, rey de Argos.”
En ese momento dio un grito de dolor y se llevó las manos a la abultada barriga:
“Mi hijo, ya viene.”
Pasaron diecisiete años, durante los cuales Dictis acogió a Dánae y educó y crió a su hijo como si fuera su propio padre. Perseo se convirtió en un joven atlético de cabellos oscuros y ensortijados, de penetrantes ojos azules. El joven se dedicaba a la caza y a las competiciones atléticas, destacando por encima de sus oponentes en tiro de disco, una pesada pieza de metal que requería una especial habilidad para ser lanzada. Un día Dictis fue convocado al palacio y se le ordenó llevar consigo a Dánae y a Perseo. Temía lo que su hermano podría hacer al ver a la mujer que había acogido en su casa, Dánae se había convertido en una bella mujer de carácter y fuerza.
La velada transcurrió sin incidentes, hasta que el tirano, borracho, provocó a Dánae. Ésta enrojeció por la ofensa pero se mantuvo en silencio. Perseo miró furiosamente hacia el sitial del anfitrión y dijo:
“Los dioses dieron normas de hospitalidad a los hombres, sin embargo en este lupanar no veo que se cumpla ninguna de ellas, más bien por el contrario, el anfitrión se divierte infringiéndolas.”
Policdetes, rojo de ira ante el insulto, vociferó:
“¡Insolente! ¿Cómo osas dirigirte al rey de tu tierra de esta manera? Te guste o no, tu madre se quedará en este palacio, solo podrás liberarla si me traes la cabeza de la Gorgona Medusa en una bolsa.”
Medusa era un horrible ser, hija de titanes, medio mujer, medio serpiente, con el poder de convertir a los hombres en piedra, se decía que sus cabellos eran en realidad serpientes de poderosa mirada. Perseo miró a su madre con suavidad, temeroso de enfrentarse a la prueba pero decidido a salvar a su madre. El silencio se prolongó largo tiempo.
“Ya me parecía a mí que el gallito cacareaba demasiado rápido” dijo el tirano.
Perseo le miró con dureza y con un rictus de odio en la boca se volvió para salir del palacio:
“Volveré madre.”

La historia continúa en Historias de los Viejos Dioses

Sevilla, 2010

El hijo de la Argiva. El comienzo

Posted by : Mashey Shumey (Juan Carlos Loaysa) | sábado, 20 de marzo de 2010 | Published in

Los dos niños no querían irse a dormir. Presentían que era un momento especial: estaba allí el abuelo, y querían ver todo lo que ocurriese. Pero mamá estaba muy pesada…
“Marta, déjalos” interrumpió el abuelo “¡sentaos aquí!
Ellos, poco dispuestos a irse, aprovecharon la ocasión y se sentaron en la moqueta a los pies del abuelo:
“Os voy a contar la historia de un príncipe de hace mucho, mucho tiempo. La Historia del Príncipe Perseo, de cómo mató a Medusa y se convirtió en el rey más poderoso de toda Grecia”

En el ágora de Tirinto, ciudadela de los dioses, era día de mercado. Entre la algarabía reinante un pequeño grupo, que iba engrosando con el paso del tiempo, permanecía en silencio escuchando a un solo hombre. Éste era un anciano de ojos cegados, cuya melodiosa voz tenía acentos de las tierras de más allá del Egeo, de las ciudades de la Jonia cercanas a los bárbaros de Oriente.
“¿Sabéis quién fundó la ciudad de Micenas, la rica en oro? ¿Conocéis las historias de los reyes y príncipes que contribuyeron al engrandecimiento de los Perseidas? Os voy a relatar una historia sin parangón, una historia de misterios, traiciones, aventuras… Espero que la Musa, hija de Zeus, me conceda la gracia y la voz para transmitir aquello que me susurra al oído…”
En la ciudad de Argos, hace mucho tiempo, reinaba Arcisio. Tenía una hija, Dánae, una bella niña de cabellos dorados y ojos oscuros, de danzarines piernas y melodiosa voz. El rey estaba feliz ya que su reino, que tanto le había costado conseguir, ya tenía una heredera. Sin embargo el dios de Delfos acabó con esta alegría. Profetizó que el hijo de Dánae mataría a su abuelo y lo sustituiría en el trono. Ante esto, Arcisio, temeroso de los designios del dios encerró a su hija, cuando ya había alcanzado la edad de tener hijos, en una alta torre de su palacio.
Un día, Zeus, el padre de los dioses y señor del Olimpo, descubrió a la joven en su prisión y enamorado de ella decidió entrar en la estancia. Esa tarde cuando Dánae contemplaba melancólica las paredes de la habitación en la que estaba encerrada, sin que ni siquiera un rayo de sol pudiera colarse por una ventana vio un prodigio: un líquido dorado goteaba del techo. La princesa no se movió de lugar mientras esperaba a ver en que acaba todo aquello.
De pronto del charco dorado surgió un hombre, de barba negra y espesa, ojos azules, fuerte y que irradiaba una poderosa autoridad. Sin palabras, la princesa sabía que quien la visitaba era un dios, se contemplaron mutuamente. La princesa clavó sus negros ojos en la figura mientras la pasión se encendía en su pecho.

Arcisio no daba crédito al hecho palpable de que su hija estaba embarazada de varios meses, la profecía del dios parecía inevitable. Sin embargo aún podía hacerse algo, temeroso de perder la vida a las manos del fruto de su hija, la encerró en un enorme baúl de madera y la arrojó al mar, el Ponto se encargaría, y con suerte sería devorada por alguno de los animales de Posidón, y, o eso esperaba, no volvería a saber de ellos nunca más.

Sevilla, 2010

Cigarrillos atemporales

Posted by : Mashey Shumey (Juan Carlos Loaysa) | jueves, 11 de marzo de 2010 | Published in

Llevaba todo el día fumando un cigarrillo tras otro, ella que se había prometido disminuir el consumo. La economía no estaba para tonterías pero bueno ella no era perfecta:
“¡A tomar por culo los perfectos!” pensó furiosa mirando las paredes que la rodeaban.
Sin embargo allí estaba, recluida por propia iniciativa, en el mundo virtual. Su único contacto con otra realidad exterior a esa era el cigarrillo que se consumía. Sentada en la cama con el pijama puesto a pesar de que, según el ordenador, ya fueran las siete de la tarde y con las piernas cruzadas:
“¡Señor!” pensó mientras se desperezaba, “podría mantener esta postura durante horas.”
Miraba la pantalla, en realidad no buscaba soluciones en ella, no cometería tal estupidez, solo le pedía que ese aséptico mundo la envolviera y la acunara en el olvido. Su mirada estaba vacía, hoy no tenía ganas de pensar.
Había buscado un trabajo durante meses sin éxito y estaba psicológicamente agotada por el fracaso. No quería ver a nadie, no quería pasar largas noches en el pub de siempre, con la gente de siempre, viendo pasar las horas con cada copa que se tomaba en insustancial conversación con aquellos que la rodeaban.
“¿No habíamos quedado en que hoy no íbamos a pensar?” le espetó a la pantalla. Su naturaleza introspectiva era incorregible.
Una pausa. Hablar en voz alta le había sentado bien, pensaba mientras se liaba lentamente un cigarrillo. La llama del mechero prendió y consumió una nueva calada.
Vacío, Internet estaba vacío…
Sabía que si conectaba el Messenger miles de lucecitas le saldrían al encuentro, incluso en desconectada decenas de mensajes reclamaban su atención. Sabía que si salía a la calle muchas personas, amigos, buenos amigos, y conocidos, unos nuevos y otros viejos, le saldrían al paso. No tendría por qué gastar dinero, conocía los lugares a dónde ir para ser invitada.
Pero hoy, sinceramente, estaba cansada, incluso un poco hastiada, quizá cansada del hastío o hastiada del cansancio…
Esa niñata de sonrisa fácil y seductora, que le gustaba relucir a la luz de los focos, que se hacía la huraña y la dura, esa niñata a la que conocía tan bien, rondaba por las calles y no tenía ganas de cruzarse con ella, no quería saber nada de ella en un tiempo… Estaba cansada de sus argucias. Esa furcia de labios de cereza que destilaban veneno, con su impecable aspecto de modelo de Mango y la caterva de babeantes perros de pelo planchado que le seguían. Con su insoportable hedor a perfume Lady Rebel y su contoneo lascivo al bailar…
Y para colmo él no estaba. Tampoco podría llorar y desfogarse en su hombro, abrazar su calor y sentirse segura…
Definitivamente hoy no era su día y no quería seguir pensando. Se sumergiría de nuevo en el vacío de la Red…

Sevilla, 2010

Reflexiones junto a la chimenea

Posted by : Mashey Shumey (Juan Carlos Loaysa) | domingo, 28 de febrero de 2010 | Published in

Cuando Francisco I, rey de Francia a principios de la modernidad, supo de las andanzas oceánicas de España y Portugal, que amenazaban con desbancar su hegemonía continental, como efectivamente ocurrió bajo la Monarquía Universal del César Carlos, se preguntó: “¿En qué lugar del testamento de Adán está dicho que el mundo es para España y Portugal?”
Lo cierto es que en el Testamento de Adán no se decían muchas cosas, al menos en cuanto podemos interpretar las palabras del Génesis. En él a Adán, y a Eva por extensión, se les ordena crecer y multiplicarse, culminar la Creación de Dios y cuidarla y gobernarla como sus señores, poder concedido por Dios. Acerca de esto podría también discutirse, y de hecho ya se discutió, en el sentido de si el poder para gobernar se lo daba Dios al monarca/gobernante o al pueblo que lo depositaba en un solo líder, pero no es el objeto de este artículo, por lo que solo lo dejo esbozado. Siguiendo con el Génesis, también se nos narra la desobediencia y soberbia del hombre, que consciente de su inmenso poder lo emplea desordenadamente, en resumen, se nos cuenta el asunto de la manzanita, que no era tal… Y como consecuencia de ello, además de perder los increíbles poderes que el hombre tenía, dones preternaturales los llama la Teología Cristiana, es castigado a sudar con su trabajo, a dar a luz con dolor… la armonía del universo había quedado muy dañada.
Podemos decir que ese es el testamento de Adán al que hacía referencia el rey francés, y hoy día, de alguna manera, seguimos viendo sus consecuencias, en el desastre haitiano, en el caos gubernamental que asola tantos países, en los abusos sociales, en el paro… No es responsabilidad de una divinidad, ya sea personal o un punto de energía pura con la que fusionarse alegremente, si no de las acciones de cada uno de los hombres. Es aquello que los griegos llamaban hybris, traducidlo por soberbia si os place, los arcaicos, Herodoto y los trágicos creían que la hybris humana tenía una némesis divina, los dioses, mediante el sufrimiento, reintegraban al hombre dentro de los límites que había traspasado, luego ya fueron perdiendo estas ideas.
Y es que la libertad humana tiene pocas barreras, en realidad, como diría un ateniense del siglo V a.C. “el hombre es la medida de todas las cosas”, o al menos eso es lo que pensaron los hombres durante muchos siglos, idea a la que se añadió que el hombre es responsable de sus acciones ante Dios y ante la sociedad. Hoy día, al parecer, se ha olvidado esa segunda idea, casi nadie se responsabiliza de sus actos, es muy oportuno que en una familia haya un niño pequeño, también se acude a la ignorancia, sin hacerse la pregunta ¿se ha tomado la molestia de saber? El imperio de la comodidad y el confort se ha adueñado de la sociedad, ya se decía en los años posteriores a la Guerra Fría, la Sociedad del Bienestar. ¿Habrá cumplido esta sociedad sus fines? Lo cierto es que en la ciudad en que resido actualmente hordas de… iba a decir bárbaros, pero pobres bárbaros, no merecen esta comparación, digamos manadas de engendros masificados, toman las calles las noches de los jueves, viernes y sábados, con el inefable fin de pasar frío y alcoholizarse en algún parque, y quizá satisfacer sus deseos de macho… Amablemente, las autoridades, sí esas mismas que antes nos preguntábamos de donde procede su poder, les dan un lugar donde poder ejercer su “derecho” a estupidizarse. Es una generación de la que nadie quiere responsabilizarse, los padres achacan la “culpa” a los colegios, los profesores al Estado, y éste los toma en sus manos y los convierte en peones de sus intereses: mejor que sean idiotas y estén quietecitos satisfaciendo sus mezquinos apetitos a que piensen y se den cuenta del mundo que les rodea e intenten hacer algo por él.
Entretanto legiones de hombres y mujeres de otra generación que poco a poco han acabado su formación, quizá la última generación formada en condiciones, se consumen en la apatía y la frustración al no encontrar salida para sus aspiraciones de cambio y mejora.
El mundo no ha cambiado tanto desde que Adán legó su testamento a sus hijos, ni tampoco desde que el poderoso rey francés codiciara los secretos de una tierra aún por descubrir. El hombre se sigue enfrentando a los mismos desafíos, ya que sigue siendo hombre, lo que ahora ha cambiado es la forma de hacerlo y las dificultades para hallar esas respuestas.

Sevilla, 2010

PIRATAS

Posted by : Mashey Shumey (Juan Carlos Loaysa) | sábado, 27 de febrero de 2010 | Published in

Terribles y sanguinarios hombres que asaltaban los mares, que han existido en todas las épocas, desde aquellos a los que se enfrentó César en las islas del Egeo hasta los actuales piratas africanos que abordan buques mercantes para pedir un rescate. En este texto me voy a centrar en los piratas que, partiendo de Europa, llegaron a las costas americanas en busca de su particular Eldorado.
En realidad la idea me vino tras la visita que hicimos Dafne y yo al Archivo de Indias y vimos la exposición temporal de Piratas, Mare Clausum, Mare Liberum. Y con dicha ambientación empezó a germinar este artículo.
Como iba diciendo nos centraremos en los Piratas del Caribe y en la imagen que de ellos ha llegado a través del Romanticismo y las películas de hoy día. Los piratas no servían a ningún señor más que a ellos mismos, muy distintos de los corsarios, sobre todo ingleses, que ejercían la piratería por mandato de sus monarcas, mediante una cédula, la Patente de Corso, que les ofrecía protección a cambio de que ejercieran sus acciones piráticas contra los enemigos de la Corona, en este caso España.
El paradigma de corsario es un personaje conocido en Inglaterra como Sir Francis Drake y en España como el pirata Drake, quien se consideraba a sí mismo como un noble y le hervía la sangre cada vez que los españoles le trataban de vulgar pirata. Llevó a cabo muchas acciones piráticas, incluso contra España, asaltó Cádiz para impedir la construcción de la Armada Invencible, fue el primer no español que dio la vuelta al mundo y abrió el Pacífico, ese inmenso lago español, a las acciones piráticas de otras potencias.
Los piratas fueron hombres exóticos, que llevaron una moda propia, al estilo Jack Sparrow o de los terribles piratas de la Isla de las Cabezas Cortadas, al continente europeo, donde nunca fueron bien vistos, aunque, eso sí, los ingleses les agradecían el favor que les hacían sometiendo a una vida de infarto a las poblaciones costeras de las Indias Occidentales.
Los piratas y corsarios fueron un elemento a tener en cuenta en las guerras de las potencias europeas, principalmente entre España y Francia, Holanda e Inglaterra, en territorio americano. De hecho, una de las primeras cosas que robaron los corsarios de estas potencias fueron islas para sus Coronas.
Ni de lejos está dicho todo, no creo que me haya acercado a esbozar siquiera lo que fueron los piratas y corsarios de la época Moderna, pero os dejo un poema del romanticismo y su versión en canción:



Con diez cañones por banda,
viento en popa, a toda vela,
no corta el mar, sino vuela
un velero bergantín.
Bajel pirata que llaman,
por su bravura, El Temido,
en todo mar conocido
del uno al otro confín.

La luna en el mar riela
en la lona gime el viento,
y alza en blando movimiento
olas de plata y azul;
y va el capitán pirata,
cantando alegre en la popa,
Asia a un lado, al otro Europa,
y allá a su frente Istambul:

Navega, velero mío
sin temor,
que ni enemigo navío
ni tormenta, ni bonanza
tu rumbo a torcer alcanza,
ni a sujetar tu valor.

Veinte presas
hemos hecho
a despecho
del inglés
y han rendido
sus pendones
cien naciones
a mis pies.

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.

Allá; muevan feroz guerra
ciegos reyes
por un palmo más de tierra;
que yo aquí; tengo por mío
cuanto abarca el mar bravío,
a quien nadie impuso leyes.

Y no hay playa,
sea cualquiera,
ni bandera
de esplendor,
que no sienta
mi derecho
y dé pechos mi valor.

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.

A la voz de "¡barco viene!"
es de ver
cómo vira y se previene
a todo trapo a escapar;
que yo soy el rey del mar,
y mi furia es de temer.

En las presas
yo divido
lo cogido
por igual;
sólo quiero
por riqueza
la belleza
sin rival.

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.

¡Sentenciado estoy a muerte!
Yo me río
no me abandone la suerte,
y al mismo que me condena,
colgaré de alguna antena,
quizá; en su propio navío
Y si caigo,
¿qué es la vida?
Por perdida
ya la di,
cuando el yugo
del esclavo,
como un bravo,
sacudí.

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.

Son mi música mejor
aquilones,
el estrépito y temblor
de los cables sacudidos,
del negro mar los bramidos
y el rugir de mis cañones.

Y del trueno
al son violento,
y del viento
al rebramar,
yo me duermo
sosegado,
arrullado
por el mar.

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.

La Canción del Pirata, José de Espronceda


Sevilla, 2010

Las hadas de la Noche

Posted by : Mashey Shumey (Juan Carlos Loaysa) | martes, 16 de febrero de 2010 | Published in

Imitando frente a un espejo
a los artistas del renacimiento
o quizás a los de otro cuento
que las miro y quedo perplejo.

La noche las transforma en hadas
en sueños de mirones y buitres
que les invitan una y otra vez
a volar por charcos de babas.

En casa de la luna caminan
rompiendo con paso firme y noble
los cráteres, y cualquier corazón que hable
con una mirada tajante lo acunan.

-Son de carbón interno
y el alcohol de los ojos-
-rumba del piano-, infierno
de caderas y terribles piropos.

Cabello moreno salvaje
del más austral de los continentes
acento de mezclas dementes,
la noche y el ritmo es tu equipaje.

Leonardo (16-2-2010)

No vayas suavemente hacia la dulce noche

Posted by : Mashey Shumey (Juan Carlos Loaysa) | lunes, 1 de febrero de 2010 | Published in

No vayas suavemente hacia la dulce noche.
Los viejos años deberían arder y, al fin, delirar.
Lucha, lucha furiosamente contra la muerte del día.

Son hombres sabios que saben apreciar la oscuridad
porque sus palabras no han traído la luz.
No van suavemente hacia la dulce noche.

Son hombres buenos que se lamentan a última hora porque
sus hechos podrían haber bailado entre verdes laureles.
Luchan, luchan furiosamente contra la muerte del día.

Son hombres salvajes que cantaron al sol y lo atraparon al vuelo
Y aprendieron, demasiado tarde, que sufren en el camino.
No van suavemente hacia la dulce noche.

Son hombres serios, casi muertos, que van a ciegas.
Ojos ciegos que podrían ser alegres y brillar como estrellas.
Luchan, luchan furiosamente contra la muerte del día.

Y tú, padre mío, que estás en la triste cumbre,
maldíceme, bendíceme ahora con intensas lágrimas, te lo ruego:
No vayas suavemente hacia la dulce noche.
Lucha, lucha furiosamente contra la muerte del día.

Dylan Thomas

Traducción de D.
Cursiva de M.

La última Noche

Posted by : Mashey Shumey (Juan Carlos Loaysa) | sábado, 30 de enero de 2010 | Published in

La noche caía en la ciudad en la que había pasado más de tres años y de la que ahora se estaba marchando, pero aún no...
Caminaron en el suave atardecer, estaban sin dinero, sin planes, pero poco les preocupaba, estaban juntos y solo eso importaba...
Recogieron al samurai, hacía poco se había cortado la coleta, y se fueron a redescubrir a ciudad. Cenaron unos bocatas y volvieron a cenar entre vikingos, en una posada que olía a cuero y acero, entre gárgolas y vidrieras.
Poco después estaban en otro lugar, con amigos y risas, la cerveza y la música corrían a raudales. Las puertas de la Luna se cerraron solo para ellos y bailaron, ella rozó las estrellas con sus dedos mientras la música seguía y seguía...
La noche, la última noche en aquella ciudad, se iba entre música y cerveza, con amigos, y paseos a la luz de las estrellas...

Sevilla, 2010

Perdidos en la noche

Posted by : Mashey Shumey (Juan Carlos Loaysa) | sábado, 16 de enero de 2010 | Published in

Los habían dejado en las húmedas calles de la ciudad, el coche partió y el frío comenzó a apoderarse de ellos. Eran tres, uno de ellos les ofreció su refugio a los otros dos, que aceptaron agradecidos. Los condujo a un viejo edificio de escaleras chirriantes y tétrica oscuridad. La habitación era acogedora y caótica, al estilo de sus habitantes.
Ellos se sentaron en el sofá bajo la inquisitiva e irónica sonrisa del anfitrión. Sus ojos se reían de lo curiosa que había resultado la vida de los tres. Un pequeño gato negro hizo amena la noche que podía haber sido tensa. Ninguno de los dos desvelaría el secreto que el tercero ya conocía.
De nuevo al resguardo de la oscuridad caminaron por las húmedas calles de la ciudad, sin un rumbo fijo que seguir, allí donde les llevaran sus pasos. Entre risas ambos cantaron canciones que conocían, el temor a la lluvia se hizo presente, sin embargo siguieron inundando de melodías la ciudad.
Las hijas de Zeus que guardan las puertas del Olimpo pasaron rápidamente. Ellos se protegían en los callejones, descubrían la ciudad bajo la luz de las lejanas estrellas, buscando una chocolatería que nunca apareció. Sus pies volaron sobre los empedrados de las solitarias y vacías calles, se detuvieron en extraños soportales, fueron perseguidos por taxis y coches de policías, se tumbaron en las puertas de las iglesias…
Al final volvieron al lugar del que habían partido y un dulce sueño se apoderó de sus párpados, acurrucados el uno contra el otro en una maraña de sábanas y mantas que ahuyentaron el cruel frío que se había introducido en sus huesos.

Noche del 15 al 16 de Noviembre

Nueve lunas

Posted by : Mashey Shumey (Juan Carlos Loaysa) | jueves, 7 de enero de 2010 | Published in

El caballero estaba sentado en su habitación del Castillo paterno, un poema había despertado sus recuerdos. ¡Qué diferentes había sido ese verano del invierno que estaba viviendo! Si bien ninguno de los dos los cambiaría por nada, en ambos había cosas que cambiaría con gusto. Sin embargo él no poseía el don de la pitia y no podía saber lo que agnaké le deparaba…
Ahora fumaba lentamente el último cigarrillo que se había liado con sus fríos dedos, ateridos por un lluvioso invierno. La cazadora de cuero estaba húmeda por la fría llovizna, olía a tabaco. Su rostro contemplaba la plaza, descansaba la tranquila mirada, oculta tras unas gafas de sol totalmente innecesarias, en los viandantes.
Un caluroso verano al que había seguido un extraño otoño, caluroso y lluvioso, y un lluvioso invierno. Ese otoño que desde el comienzo había traído grandes cambios… Ya lo había anunciado la primavera con su imprevisto terremoto.
¡Qué diferentes estaban siendo ambas estaciones! No sólo en las obviedades climáticas, si no sobre todo en los cambios vitales y anímicos que a estos acompañaban. Las Musas, después de años de tenerlas amordazas, se habían lanzado sobre su mente para crear nuevos mundos y expresar miles de pensamientos, la fuente de Castalia había manado abundantemente en verano y parte del otoño… Sin embargo la lluvia de invierno trajo sequía a su pluma…
El verano lo había sorprendido en una casa en la que imperaba el desorden, y el orden, un modo de vida muy distinto, unos compañeros peculiares: un pillo, una buena chica, el nigromante y la Dama del Dragón. Aventuras, muchas, desventuras, pocas, momentos épicos, momentos de abandono, rosas, noches y ron… La vida tomó el color de una dulce noche de verano, con pequeños chubascos acá y acullá.
Se acercó a diferentes ríos y charcas intentando probar su agua sin suerte, el verano no le deparó ninguna cascada en la que beber. Sin embargo conoció en otoño, con la caída de las hojas y un calor que no hacía honor a la estación, a una dríade de ojos de miel que le llevó a nuevas fuentes en las que saciar su sed.
Hacía pocos días que había comenzado un nuevo año. El anterior había muerto entre sonrisas y lágrimas, final perfecto para un año muy diferente a todos los demás, un año en el que la vida había cambiado radicalmente. El nuevo había llegado a su vida repleto de risas y alcohol, de bromas y veras…
Los problemas no se habían quedado en el año anterior, muchos seguían allí, pesaban como una losa, sin embargo se había acostumbrado a vivir con ellos y el futuro ya no parecía tan negro. Insospechadas soluciones se encontraban en extraños recovecos, ya se lo había enseñado la primavera de marzo y el otoño de noviembre.

Sevilla, invierno del 2010