La última Noche

Posted by : Mashey Shumey (Juan Carlos Loaysa) | sábado, 30 de enero de 2010 | Published in

La noche caía en la ciudad en la que había pasado más de tres años y de la que ahora se estaba marchando, pero aún no...
Caminaron en el suave atardecer, estaban sin dinero, sin planes, pero poco les preocupaba, estaban juntos y solo eso importaba...
Recogieron al samurai, hacía poco se había cortado la coleta, y se fueron a redescubrir a ciudad. Cenaron unos bocatas y volvieron a cenar entre vikingos, en una posada que olía a cuero y acero, entre gárgolas y vidrieras.
Poco después estaban en otro lugar, con amigos y risas, la cerveza y la música corrían a raudales. Las puertas de la Luna se cerraron solo para ellos y bailaron, ella rozó las estrellas con sus dedos mientras la música seguía y seguía...
La noche, la última noche en aquella ciudad, se iba entre música y cerveza, con amigos, y paseos a la luz de las estrellas...

Sevilla, 2010

Perdidos en la noche

Posted by : Mashey Shumey (Juan Carlos Loaysa) | sábado, 16 de enero de 2010 | Published in

Los habían dejado en las húmedas calles de la ciudad, el coche partió y el frío comenzó a apoderarse de ellos. Eran tres, uno de ellos les ofreció su refugio a los otros dos, que aceptaron agradecidos. Los condujo a un viejo edificio de escaleras chirriantes y tétrica oscuridad. La habitación era acogedora y caótica, al estilo de sus habitantes.
Ellos se sentaron en el sofá bajo la inquisitiva e irónica sonrisa del anfitrión. Sus ojos se reían de lo curiosa que había resultado la vida de los tres. Un pequeño gato negro hizo amena la noche que podía haber sido tensa. Ninguno de los dos desvelaría el secreto que el tercero ya conocía.
De nuevo al resguardo de la oscuridad caminaron por las húmedas calles de la ciudad, sin un rumbo fijo que seguir, allí donde les llevaran sus pasos. Entre risas ambos cantaron canciones que conocían, el temor a la lluvia se hizo presente, sin embargo siguieron inundando de melodías la ciudad.
Las hijas de Zeus que guardan las puertas del Olimpo pasaron rápidamente. Ellos se protegían en los callejones, descubrían la ciudad bajo la luz de las lejanas estrellas, buscando una chocolatería que nunca apareció. Sus pies volaron sobre los empedrados de las solitarias y vacías calles, se detuvieron en extraños soportales, fueron perseguidos por taxis y coches de policías, se tumbaron en las puertas de las iglesias…
Al final volvieron al lugar del que habían partido y un dulce sueño se apoderó de sus párpados, acurrucados el uno contra el otro en una maraña de sábanas y mantas que ahuyentaron el cruel frío que se había introducido en sus huesos.

Noche del 15 al 16 de Noviembre

Nueve lunas

Posted by : Mashey Shumey (Juan Carlos Loaysa) | jueves, 7 de enero de 2010 | Published in

El caballero estaba sentado en su habitación del Castillo paterno, un poema había despertado sus recuerdos. ¡Qué diferentes había sido ese verano del invierno que estaba viviendo! Si bien ninguno de los dos los cambiaría por nada, en ambos había cosas que cambiaría con gusto. Sin embargo él no poseía el don de la pitia y no podía saber lo que agnaké le deparaba…
Ahora fumaba lentamente el último cigarrillo que se había liado con sus fríos dedos, ateridos por un lluvioso invierno. La cazadora de cuero estaba húmeda por la fría llovizna, olía a tabaco. Su rostro contemplaba la plaza, descansaba la tranquila mirada, oculta tras unas gafas de sol totalmente innecesarias, en los viandantes.
Un caluroso verano al que había seguido un extraño otoño, caluroso y lluvioso, y un lluvioso invierno. Ese otoño que desde el comienzo había traído grandes cambios… Ya lo había anunciado la primavera con su imprevisto terremoto.
¡Qué diferentes estaban siendo ambas estaciones! No sólo en las obviedades climáticas, si no sobre todo en los cambios vitales y anímicos que a estos acompañaban. Las Musas, después de años de tenerlas amordazas, se habían lanzado sobre su mente para crear nuevos mundos y expresar miles de pensamientos, la fuente de Castalia había manado abundantemente en verano y parte del otoño… Sin embargo la lluvia de invierno trajo sequía a su pluma…
El verano lo había sorprendido en una casa en la que imperaba el desorden, y el orden, un modo de vida muy distinto, unos compañeros peculiares: un pillo, una buena chica, el nigromante y la Dama del Dragón. Aventuras, muchas, desventuras, pocas, momentos épicos, momentos de abandono, rosas, noches y ron… La vida tomó el color de una dulce noche de verano, con pequeños chubascos acá y acullá.
Se acercó a diferentes ríos y charcas intentando probar su agua sin suerte, el verano no le deparó ninguna cascada en la que beber. Sin embargo conoció en otoño, con la caída de las hojas y un calor que no hacía honor a la estación, a una dríade de ojos de miel que le llevó a nuevas fuentes en las que saciar su sed.
Hacía pocos días que había comenzado un nuevo año. El anterior había muerto entre sonrisas y lágrimas, final perfecto para un año muy diferente a todos los demás, un año en el que la vida había cambiado radicalmente. El nuevo había llegado a su vida repleto de risas y alcohol, de bromas y veras…
Los problemas no se habían quedado en el año anterior, muchos seguían allí, pesaban como una losa, sin embargo se había acostumbrado a vivir con ellos y el futuro ya no parecía tan negro. Insospechadas soluciones se encontraban en extraños recovecos, ya se lo había enseñado la primavera de marzo y el otoño de noviembre.

Sevilla, invierno del 2010