El funeral

Posted by : Mashey Shumey (Juan Carlos Loaysa) | lunes, 29 de marzo de 2010 | Published in

D.M.S

M. AEL. SIMNOTE.
EQ. T.M. D.M.GAD.
P.URB. L.I.GER.
XXX ANN.
H.S.E. S.T.T.L.

Ania lloraba delante de la fría piedra que señalaba el lugar de sepultura de su marido. Su cabello oscuro caía suelto en señal de duelo, flanqueándola se encontraban sus hijos, un joven de dieciséis años, que pronto seguiría los pasos de su padre y una niña de pocos años de edad. Lloraba por la pérdida de su marido, sin embargo apenas lo conocía. Había pasado la mayor de la vida que llevaban casados ocupado en diversas misiones al servicio del Estado, o lo que era lo mismo, al servicio del emperador. Y ahora lo único que le quedaba de él era esa fría lápida de mármol con el epígrafe inscrito en ella y una exigua renta que, sin duda, nadie le haría llegar.

−Consagrado a los dioses Manes. Marcus Aelio Simnote, Caballero, Tribuno Militar, Dunviro del Municipio gaditano, Pretor Urbano, Legado del Emperador en Germania. De treinta años, aquí yace, sea te la tierra leve −leyó una voz− descansa en paz amigo.

Un anciano se había colocado silenciosamente cerca de la familia y había leído la inscripción.

−Ha tenido una vida completa, llena de honores −dijo Ania− pero es un pálido reflejo de lo que realmente fue su vida
−Cierto −asintió el anciano− en ella no se cuenta nada de su vida

Ania se volvió hacia el anciano con la curiosidad reflejada en los ojos:
−¿Qué conoces de su vida anciano?
−Permitid que me presente −dijo este− me llamo Amílcar Psímaco, ciudadano romano de Gades. Conocí a tu marido hace muchos años, durante la guerra de los mauri, allí me hizo guardián de la historia de su vida: de la historia secreta de su vida.
−¿Secreta?− dijo Ania.
−No creo que Marcus muriera en la guerra contra los germanos, creo que fue asesinado por orden del emperador− susurró.
Ania abrió los ojos sorprendida:
−¿Cómo es posible?
−Vuestro marido era agens in rebus, encargado de la cosas −dijo Amílcar− un eufemismo imperial para designar a los agentes secretos. Necesitas saber su historia para reclamar al Fisco lo que te corresponde por derecho.


Sevilla, 2010

Los Viejos Dioses

Posted by : Mashey Shumey (Juan Carlos Loaysa) | martes, 23 de marzo de 2010 | Published in

Las casualidades de la vida...

Quizá sea anagké, como dirían los griegos, o, seguramente, mera coincidencia.

En el año 2009, un 22 de enero, tras pensarlo bastante me decidí a abrir un blog: Los Relatos de Mashey, con la idea de colgar mis relatos y compartirlos con otras personas. Sin embargo pronto me ví absorvido por la historia de César y Helena, que ya dura en el tiempo. Relatos me ha servido como laboratorio para experimentar en el mundo de los blogs y conocer la acogida de mis historias entre el público, sin embargo, pronto se quedó pequeño. Y así fue como, otro 22, esta vez en el mes de mayo, nació este blog en el que os encontráis, Héspera, formado por retazos de viejos relatos y trozos de una novela que no se publicó, Héspera, el atardecer de Hibernia.

Ayer, 22 de marzo, El Aprendiz de Historiador, Bardo y yo abrimos un nuevo blog: Historias de los Viejos Dioses. En el fondo es el resultado de cientos de conversaciones, acerca de lo humano y lo divino, en la cafetería de la Facultad de Filosofía y Letras de Córdoba, donde las inquietudes de tres estudiantes que estaban acabando la carrera construían castillos de hipótesis, fortalezas de artículos, ciudadelas de ideas...
En fin, el propósito de este blog, que comparte con el relato de Leyenda de un Sueño, es hacer llegar la mitología, principalmente grecolatina, aunque espero que no solo, a todo aquel que quiera leerlo, a través de relatos, artículos, críticas de cine y literarias y todo aquello que se nos ocurra.

Espero que lo disfrutéis, un saludo a todos

El hijo de la Argiva. El desafío

Posted by : Mashey Shumey (Juan Carlos Loaysa) | lunes, 22 de marzo de 2010 | Published in

Un hombre contemplaba las olas del Ponto estrellarse contra las costas de la Isla de Sérifos. Estaba en la playa rememorando los hechos que acababan de acaecer en la isla: su hermano Policdetes acaba de dar un golpe contra la monarquía de la isla y se había autoproclamado rey. Pronto las cosas volverían a su cauce, pero conocía el carácter voluble de su hermano y rogaba a los dioses que sus desafueros no fueran más allá del umbral del palacio que ahora ocupaba.
En ese momento se fijó en un objeto que la corriente había dejado en la playa, un enorme baúl de madera con refuerzo de hierro. Se acercó prudentemente, un regalo de Posidón siempre podía ser peligroso. El cofre se estremeció, una voz parecía salir de él. El hombre tiró de él hasta un lugar seco y lo abrió. Se quedó atónito al descubrir a una bella joven que la miraba temerosa, la ayudó a salir y entonces se dio cuenta de que estaba embarazada:
“Me llamo Dictis” se presentó.
“Yo soy Dánae, hija de Arcisio, rey de Argos.”
En ese momento dio un grito de dolor y se llevó las manos a la abultada barriga:
“Mi hijo, ya viene.”
Pasaron diecisiete años, durante los cuales Dictis acogió a Dánae y educó y crió a su hijo como si fuera su propio padre. Perseo se convirtió en un joven atlético de cabellos oscuros y ensortijados, de penetrantes ojos azules. El joven se dedicaba a la caza y a las competiciones atléticas, destacando por encima de sus oponentes en tiro de disco, una pesada pieza de metal que requería una especial habilidad para ser lanzada. Un día Dictis fue convocado al palacio y se le ordenó llevar consigo a Dánae y a Perseo. Temía lo que su hermano podría hacer al ver a la mujer que había acogido en su casa, Dánae se había convertido en una bella mujer de carácter y fuerza.
La velada transcurrió sin incidentes, hasta que el tirano, borracho, provocó a Dánae. Ésta enrojeció por la ofensa pero se mantuvo en silencio. Perseo miró furiosamente hacia el sitial del anfitrión y dijo:
“Los dioses dieron normas de hospitalidad a los hombres, sin embargo en este lupanar no veo que se cumpla ninguna de ellas, más bien por el contrario, el anfitrión se divierte infringiéndolas.”
Policdetes, rojo de ira ante el insulto, vociferó:
“¡Insolente! ¿Cómo osas dirigirte al rey de tu tierra de esta manera? Te guste o no, tu madre se quedará en este palacio, solo podrás liberarla si me traes la cabeza de la Gorgona Medusa en una bolsa.”
Medusa era un horrible ser, hija de titanes, medio mujer, medio serpiente, con el poder de convertir a los hombres en piedra, se decía que sus cabellos eran en realidad serpientes de poderosa mirada. Perseo miró a su madre con suavidad, temeroso de enfrentarse a la prueba pero decidido a salvar a su madre. El silencio se prolongó largo tiempo.
“Ya me parecía a mí que el gallito cacareaba demasiado rápido” dijo el tirano.
Perseo le miró con dureza y con un rictus de odio en la boca se volvió para salir del palacio:
“Volveré madre.”

La historia continúa en Historias de los Viejos Dioses

Sevilla, 2010

El hijo de la Argiva. El comienzo

Posted by : Mashey Shumey (Juan Carlos Loaysa) | sábado, 20 de marzo de 2010 | Published in

Los dos niños no querían irse a dormir. Presentían que era un momento especial: estaba allí el abuelo, y querían ver todo lo que ocurriese. Pero mamá estaba muy pesada…
“Marta, déjalos” interrumpió el abuelo “¡sentaos aquí!
Ellos, poco dispuestos a irse, aprovecharon la ocasión y se sentaron en la moqueta a los pies del abuelo:
“Os voy a contar la historia de un príncipe de hace mucho, mucho tiempo. La Historia del Príncipe Perseo, de cómo mató a Medusa y se convirtió en el rey más poderoso de toda Grecia”

En el ágora de Tirinto, ciudadela de los dioses, era día de mercado. Entre la algarabía reinante un pequeño grupo, que iba engrosando con el paso del tiempo, permanecía en silencio escuchando a un solo hombre. Éste era un anciano de ojos cegados, cuya melodiosa voz tenía acentos de las tierras de más allá del Egeo, de las ciudades de la Jonia cercanas a los bárbaros de Oriente.
“¿Sabéis quién fundó la ciudad de Micenas, la rica en oro? ¿Conocéis las historias de los reyes y príncipes que contribuyeron al engrandecimiento de los Perseidas? Os voy a relatar una historia sin parangón, una historia de misterios, traiciones, aventuras… Espero que la Musa, hija de Zeus, me conceda la gracia y la voz para transmitir aquello que me susurra al oído…”
En la ciudad de Argos, hace mucho tiempo, reinaba Arcisio. Tenía una hija, Dánae, una bella niña de cabellos dorados y ojos oscuros, de danzarines piernas y melodiosa voz. El rey estaba feliz ya que su reino, que tanto le había costado conseguir, ya tenía una heredera. Sin embargo el dios de Delfos acabó con esta alegría. Profetizó que el hijo de Dánae mataría a su abuelo y lo sustituiría en el trono. Ante esto, Arcisio, temeroso de los designios del dios encerró a su hija, cuando ya había alcanzado la edad de tener hijos, en una alta torre de su palacio.
Un día, Zeus, el padre de los dioses y señor del Olimpo, descubrió a la joven en su prisión y enamorado de ella decidió entrar en la estancia. Esa tarde cuando Dánae contemplaba melancólica las paredes de la habitación en la que estaba encerrada, sin que ni siquiera un rayo de sol pudiera colarse por una ventana vio un prodigio: un líquido dorado goteaba del techo. La princesa no se movió de lugar mientras esperaba a ver en que acaba todo aquello.
De pronto del charco dorado surgió un hombre, de barba negra y espesa, ojos azules, fuerte y que irradiaba una poderosa autoridad. Sin palabras, la princesa sabía que quien la visitaba era un dios, se contemplaron mutuamente. La princesa clavó sus negros ojos en la figura mientras la pasión se encendía en su pecho.

Arcisio no daba crédito al hecho palpable de que su hija estaba embarazada de varios meses, la profecía del dios parecía inevitable. Sin embargo aún podía hacerse algo, temeroso de perder la vida a las manos del fruto de su hija, la encerró en un enorme baúl de madera y la arrojó al mar, el Ponto se encargaría, y con suerte sería devorada por alguno de los animales de Posidón, y, o eso esperaba, no volvería a saber de ellos nunca más.

Sevilla, 2010

Cigarrillos atemporales

Posted by : Mashey Shumey (Juan Carlos Loaysa) | jueves, 11 de marzo de 2010 | Published in

Llevaba todo el día fumando un cigarrillo tras otro, ella que se había prometido disminuir el consumo. La economía no estaba para tonterías pero bueno ella no era perfecta:
“¡A tomar por culo los perfectos!” pensó furiosa mirando las paredes que la rodeaban.
Sin embargo allí estaba, recluida por propia iniciativa, en el mundo virtual. Su único contacto con otra realidad exterior a esa era el cigarrillo que se consumía. Sentada en la cama con el pijama puesto a pesar de que, según el ordenador, ya fueran las siete de la tarde y con las piernas cruzadas:
“¡Señor!” pensó mientras se desperezaba, “podría mantener esta postura durante horas.”
Miraba la pantalla, en realidad no buscaba soluciones en ella, no cometería tal estupidez, solo le pedía que ese aséptico mundo la envolviera y la acunara en el olvido. Su mirada estaba vacía, hoy no tenía ganas de pensar.
Había buscado un trabajo durante meses sin éxito y estaba psicológicamente agotada por el fracaso. No quería ver a nadie, no quería pasar largas noches en el pub de siempre, con la gente de siempre, viendo pasar las horas con cada copa que se tomaba en insustancial conversación con aquellos que la rodeaban.
“¿No habíamos quedado en que hoy no íbamos a pensar?” le espetó a la pantalla. Su naturaleza introspectiva era incorregible.
Una pausa. Hablar en voz alta le había sentado bien, pensaba mientras se liaba lentamente un cigarrillo. La llama del mechero prendió y consumió una nueva calada.
Vacío, Internet estaba vacío…
Sabía que si conectaba el Messenger miles de lucecitas le saldrían al encuentro, incluso en desconectada decenas de mensajes reclamaban su atención. Sabía que si salía a la calle muchas personas, amigos, buenos amigos, y conocidos, unos nuevos y otros viejos, le saldrían al paso. No tendría por qué gastar dinero, conocía los lugares a dónde ir para ser invitada.
Pero hoy, sinceramente, estaba cansada, incluso un poco hastiada, quizá cansada del hastío o hastiada del cansancio…
Esa niñata de sonrisa fácil y seductora, que le gustaba relucir a la luz de los focos, que se hacía la huraña y la dura, esa niñata a la que conocía tan bien, rondaba por las calles y no tenía ganas de cruzarse con ella, no quería saber nada de ella en un tiempo… Estaba cansada de sus argucias. Esa furcia de labios de cereza que destilaban veneno, con su impecable aspecto de modelo de Mango y la caterva de babeantes perros de pelo planchado que le seguían. Con su insoportable hedor a perfume Lady Rebel y su contoneo lascivo al bailar…
Y para colmo él no estaba. Tampoco podría llorar y desfogarse en su hombro, abrazar su calor y sentirse segura…
Definitivamente hoy no era su día y no quería seguir pensando. Se sumergiría de nuevo en el vacío de la Red…

Sevilla, 2010