Mauri

Posted by : Mashey Shumey (Juan Carlos Loaysa) | martes, 1 de junio de 2010 | Published in

La mañana casi había terminado cuando Ania despertó en la alcoba que Amílcar le había cedido. Una sierva esperaba para atenderle en las abluciones de la mañana. Cuando estuvo lista, Amílcar le salió al encuentro:
−He traído a un pedagogo para tu hija –y añadió− tu hijo ya tiene la edad suficiente para asistir a nuestras reuniones.
Una vez en el despacho de Amílcar los tres se volcaron sobre un pequeño fajo de documentos que estaban clasificadas bajo el nombre de bellum maurum

“La Guerra de los Mauri que Marcus Aelio Simnote me relató el día que nos conocimos comenzaba una tarde en la que la Legión descubrió la retaguardia del ejército enemigo. Las trompetas de la legión resonaron por la llanura llamando desafiantes a las hordas de mauri. Vestidos con pieles, cascabeles resonantes, tambores de cuero, la algarabía era tremenda. Los caballos, veloces y atléticos, danzaban alrededor de los guerreros.
Una lluvia de flechas cayó sobre los romanos. Sus escudos les protegieron. El Águila Imperial se elevaba impávida sobre nuestras cabezas, muchos hombres le pidieron la protección de la diosa Roma. Nuestros arqueros respondieron. El caos cundió en el ejército mauro.
La legión avanzó como un solo hombre, los escudos protegiendo el frente y los flancos. Marcus se encontraba junto a Victorinus y desde la loma contemplaban como el ondeante estandarte mauro daba órdenes a sus tropas. La legión avanzaba compacta hacia el enemigo.

Victorinus alzó la espada llamando a la caballería y lanzó la carga. La carrera fue rápida. Lo único que Marcus recordaba era que al momento siguiente estaban tras las líneas enemigas. Su espada chorreaba sangre y la respiración estaba agitada. Victorinus estaba dando las órdenes para reagruparnos. Lanzó una nueva carga, su casco relucía al sol, la espada bajaba y subía. Gritos de ánimo escapaban de vez en cuando de su garganta. Los hombres lo seguían con fiereza. Alejandro estaba en la batalla.

Los legionarios habían llegado al fragor de la batalla. El impacto fue terrible. Los hombres empujaban con sus largos escudos los cuerpos de los mauri. Estos intentaban defenderse con sus largas lanzas sin utilidad en la lucha cuerpo a cuerpo. Las lanzas fueron sustituidas por los largos cuchillos que se enfrentaron a las espadas de Roma.
La batalla decaía. El agotamiento se cernía sobre los soldados. Los mauri se defendían con desesperación. La sangre bañaba el blando suelo regado por el Betis. Los caballos, sin jinetes, huían desbocados. Poco a poco los mauri cedieron ante el empuje del Águila.
La resistencia del ejército mauro se quebró definitivamente. El Águila atravesó el duro lomo del Elefante mauro. La estampida fue violenta. En un último arranque la desorganizada caballería mauri se abalanzó sobre nuestras filas. Los caballos saltaban sobre los hombres ensartándose en los afilados pilum.

Cuando la noche desplegó su manto, las brillantes estrellas sorprendieron a los mauri en franca retirada. Victorinus dio la orden de persecución. La invasión en el Sur había sido parada, las legiones africanas se encargarían de expulsar a los restos de ejército mauro.”

Ania dejó el pergamino sobre con los ojos empañados por las lágrimas. Amílcar puso una mano sobre su hombro y le dijo:
−Lo volvería a ver dos años más tarde, cuando se había casado contigo y cumplía misiones en la Urbe.

Barcelona, 2007- Sevilla, 2010

(0) Comments

Leave a Response