El Tribuno

Posted by : Mashey Shumey (Juan Carlos Loaysa) | martes, 13 de abril de 2010 | Published in

Hace muchos años, a mediados del reinado de Marco Aurelio, la provincia de la Bética se vio invadida por una Confederación de tribus norteafricanas. Aprovecharon que el Imperio estaba en guerra en su limes oriental para atacar lo que creían una tierra indefensa. En el trascurso de esa guerra, por una afortunada casualidad Marcus y yo nos conocimos...

Atardecía. El sol se desplazaba lentamente hacia el brumoso océano. Un hombre cabalgaba por la calzada que corría junto a un bosquecillo, parecía tener prisa por lograr su objetivo. El caballo estaba al límite de su resistencia, la espuma le corría por la boca. El eco de los cascos sobre la piedra resonaba en la soledad sombría.

El valle del río Betis se abría para abrazar con ternura las zonas lacustres de las marismas, donde el río se uniría eternamente al océano. El jinete abrumado por el cansancio de la galopada se curvaba sobre la silla. Las piernas colgantes apenas apretaban ya los costados del noble bruto.

El caballo percibiendo la falta de control del jinete se fue deteniendo progresivamente. El jinete, amodorrado, le dejó hacer. Pararon junto al camino. El caballo se acercó a los helechos.

De entre la maleza surgió un hombre que se encaminó decidido hacia el jinete tumbado sobre la dura tierra. El caballo lo miró de reojo, pero siguió pastando tranquilamente. El hombre contempló al jinete un tiempo y satisfecho con lo que veía se acercó aún más:
−¿Cómo os llamáis y qué estáis haciendo aquí?− preguntó el hombre. El otro se incorporó como una flecha.
−Un romano −suspiró el jinete−. Salve. Me llamo Marcus Aelio Simnote, Tribuno de Aufidius Victorinus.
−Yo soy Amílcar Psímaco, ciudadano romano de Gades. ¿Cómo va la guerra? −Amílcar pensó un momento− pero antes de hablar vamos a mi casa donde podrás recuperarte.

La luna había comenzado su curso por el firmamento cuando llegaron a una casa en el corazón del bosque. Los árboles crecían altos a su alrededor, ésta era de ladrillos, sencilla pero muy fresca. Estaba protegida de la noche de las marismas por densas esteras de junco. Presidiendo la sala se alzaba una imagen de Hércules– Melkart.
Amílcar sirvió dos copas de vino y puso sobre la mesa una bandeja con carne fría:
−Siento la frugalidad de la comida, pero desde que empezó la invasión estoy viviendo aquí. ¿La ciudad todavía resiste? ¿Las puertas del templo continúan abiertas?
−La guerra contra los mauri está casi concluida, aunque ha sido tan difícil. Es una larga historia −dijo Marcus.
−Bien. Pues resumidla −sentenció Amílcar.
−De acuerdo. Cómo sabéis las hordas entraron cruzando las columnas de Hércules procedentes de la provincia de Mauritania; eran los mauri. Entraron devastándolo todo, el pillaje asoló la fértil Bética…







Barcelona, 2007- Sevilla, 2010

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