Relatos de Lucidez

Posted by : Mashey Shumey (Juan Carlos Loaysa) | sábado, 31 de julio de 2010 | Published in

−No te pago para esto –me llegó el potente vozarrón desde la puerta de mi habitáculo, por llamar de algún modo a lo que encerraban esas horribles paredes prefabricadas.
Levanté los ojos y lo miré por encima de las gafas, quienes habían decidido colocarse en la punta de mi nariz. Pausé la película y me quité los cascos mientras veía como mi jefe se iba convirtiendo lentamente en una incandescente bola de fuego.
“En realidad hace meses que no me pagas” pensé, pero no quería alimentar la hoguera.
Hacía meses que no publicaba nada, trabajaba en la sección de relatos de una revista y se suponía que debía producirlos como churros, una máquina perfectamente engrasada. Pero un día, de pronto, las ideas se esfumaron de mi mente. Y el muy cabrón no me dio vacaciones, al contrario, me envió a un loquero.
Quizá con las historias que le contaba al hombre bajito y calvo que me miraba en su amueblada consulta y hacía como que me escuchaba podría haber sacado material para un relato de terror. Pero estaba demasiado hastiado. Mi imaginación y mis ganas de trabajar habían emigrado al País de Nunca Jamás, quizá pensando que allí no madurarían…
La bola de fuego en potencia me seguía mirando, creo que esperaba una respuesta.
−Esto… −comencé− sé que tengo dos relatos empezados y que se han quedado parados. Pero las Musas se han ido.
En cierto modo era verdad, mi Musa se había ido al otro lado del Atlántico y no sabía si volvería. Había intentado sumergirme en el trabajo para huir de ello, pero no había funcionado, el hombre calvo me dijo que me enfrentara con la realidad y la superara, y así, a partir de lo que él denominaba realidad mi capacidad de narrar historias había acabado en el fondo de la papelera de ese horrible despacho.
La bola de fuego iba a explotar de un momento a otro… La cuenta atrás había empezado. Y de pronto:
−Márchate, −dijo− vete a por ella o inicia una búsqueda de las Musas o haz lo que te dé la gana. Pero dentro de un mes te quiero a pleno rendimiento aquí.

El mundo empezó a dar vueltas cuando el significado de sus palabras caló por fin en mi mente. ¿Estaría enfermo? ¿Había empezado a delirar? ¿Qué le pasaba a Richard?

Un espantoso zumbido empezó a sonar en el habitáculo. Me desperté sudando y sacudí la cabeza. Hoy tendría tema de conversación con el loquero.

Sevilla, Verano del 2010

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