Nueve lunas

Posted by : Mashey Shumey (Juan Carlos Loaysa) | jueves, 7 de enero de 2010 | Published in

El caballero estaba sentado en su habitación del Castillo paterno, un poema había despertado sus recuerdos. ¡Qué diferentes había sido ese verano del invierno que estaba viviendo! Si bien ninguno de los dos los cambiaría por nada, en ambos había cosas que cambiaría con gusto. Sin embargo él no poseía el don de la pitia y no podía saber lo que agnaké le deparaba…
Ahora fumaba lentamente el último cigarrillo que se había liado con sus fríos dedos, ateridos por un lluvioso invierno. La cazadora de cuero estaba húmeda por la fría llovizna, olía a tabaco. Su rostro contemplaba la plaza, descansaba la tranquila mirada, oculta tras unas gafas de sol totalmente innecesarias, en los viandantes.
Un caluroso verano al que había seguido un extraño otoño, caluroso y lluvioso, y un lluvioso invierno. Ese otoño que desde el comienzo había traído grandes cambios… Ya lo había anunciado la primavera con su imprevisto terremoto.
¡Qué diferentes estaban siendo ambas estaciones! No sólo en las obviedades climáticas, si no sobre todo en los cambios vitales y anímicos que a estos acompañaban. Las Musas, después de años de tenerlas amordazas, se habían lanzado sobre su mente para crear nuevos mundos y expresar miles de pensamientos, la fuente de Castalia había manado abundantemente en verano y parte del otoño… Sin embargo la lluvia de invierno trajo sequía a su pluma…
El verano lo había sorprendido en una casa en la que imperaba el desorden, y el orden, un modo de vida muy distinto, unos compañeros peculiares: un pillo, una buena chica, el nigromante y la Dama del Dragón. Aventuras, muchas, desventuras, pocas, momentos épicos, momentos de abandono, rosas, noches y ron… La vida tomó el color de una dulce noche de verano, con pequeños chubascos acá y acullá.
Se acercó a diferentes ríos y charcas intentando probar su agua sin suerte, el verano no le deparó ninguna cascada en la que beber. Sin embargo conoció en otoño, con la caída de las hojas y un calor que no hacía honor a la estación, a una dríade de ojos de miel que le llevó a nuevas fuentes en las que saciar su sed.
Hacía pocos días que había comenzado un nuevo año. El anterior había muerto entre sonrisas y lágrimas, final perfecto para un año muy diferente a todos los demás, un año en el que la vida había cambiado radicalmente. El nuevo había llegado a su vida repleto de risas y alcohol, de bromas y veras…
Los problemas no se habían quedado en el año anterior, muchos seguían allí, pesaban como una losa, sin embargo se había acostumbrado a vivir con ellos y el futuro ya no parecía tan negro. Insospechadas soluciones se encontraban en extraños recovecos, ya se lo había enseñado la primavera de marzo y el otoño de noviembre.

Sevilla, invierno del 2010

(3) Comments

  1. Francisco Javier said...

    Es tan personal que hasta me da cosa comentar, pero de nuevo enhorabuena por abrirnos tu corazón a todos los que seguimos tus blogs.

    Cuídate amigo y espero que nos veamos pronto

    8 de enero de 2010, 12:58
  2. Kiüs said...

    No me importaría conocer la historia de este personaje :P

    8 de enero de 2010, 15:02
  3. Mashey Shumey said...

    La medio conoces Kiüs, en este blog tienes retazos en El Canto del Aedo, Su nombre era..., La Estación y La Servilleta de papel. :)

    13 de enero de 2010, 23:30

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