Un rápido vistazo a cierta Historia
Posted by : Juan Carlos Loaysa | jueves, 25 de agosto de 2011 | Published in Artículos, Pensamientos, Roma
Aniversarios y demás asuntos
Posted by : Juan Carlos Loaysa | sábado, 11 de junio de 2011 | Published in Pensamientos
Cigarrillos atemporales
Posted by : Juan Carlos Loaysa | jueves, 11 de marzo de 2010 | Published in Pensamientos
“¡A tomar por culo los perfectos!” pensó furiosa mirando las paredes que la rodeaban.
Sin embargo allí estaba, recluida por propia iniciativa, en el mundo virtual. Su único contacto con otra realidad exterior a esa era el cigarrillo que se consumía. Sentada en la cama con el pijama puesto a pesar de que, según el ordenador, ya fueran las siete de la tarde y con las piernas cruzadas:
“¡Señor!” pensó mientras se desperezaba, “podría mantener esta postura durante horas.”
Miraba la pantalla, en realidad no buscaba soluciones en ella, no cometería tal estupidez, solo le pedía que ese aséptico mundo la envolviera y la acunara en el olvido. Su mirada estaba vacía, hoy no tenía ganas de pensar.
Había buscado un trabajo durante meses sin éxito y estaba psicológicamente agotada por el fracaso. No quería ver a nadie, no quería pasar largas noches en el pub de siempre, con la gente de siempre, viendo pasar las horas con cada copa que se tomaba en insustancial conversación con aquellos que la rodeaban.
“¿No habíamos quedado en que hoy no íbamos a pensar?” le espetó a la pantalla. Su naturaleza introspectiva era incorregible.
Una pausa. Hablar en voz alta le había sentado bien, pensaba mientras se liaba lentamente un cigarrillo. La llama del mechero prendió y consumió una nueva calada.
Vacío, Internet estaba vacío…
Sabía que si conectaba el Messenger miles de lucecitas le saldrían al encuentro, incluso en desconectada decenas de mensajes reclamaban su atención. Sabía que si salía a la calle muchas personas, amigos, buenos amigos, y conocidos, unos nuevos y otros viejos, le saldrían al paso. No tendría por qué gastar dinero, conocía los lugares a dónde ir para ser invitada.
Pero hoy, sinceramente, estaba cansada, incluso un poco hastiada, quizá cansada del hastío o hastiada del cansancio…
Esa niñata de sonrisa fácil y seductora, que le gustaba relucir a la luz de los focos, que se hacía la huraña y la dura, esa niñata a la que conocía tan bien, rondaba por las calles y no tenía ganas de cruzarse con ella, no quería saber nada de ella en un tiempo… Estaba cansada de sus argucias. Esa furcia de labios de cereza que destilaban veneno, con su impecable aspecto de modelo de Mango y la caterva de babeantes perros de pelo planchado que le seguían. Con su insoportable hedor a perfume Lady Rebel y su contoneo lascivo al bailar…
Y para colmo él no estaba. Tampoco podría llorar y desfogarse en su hombro, abrazar su calor y sentirse segura…
Definitivamente hoy no era su día y no quería seguir pensando. Se sumergiría de nuevo en el vacío de la Red…
Prisionera
Posted by : Juan Carlos Loaysa | sábado, 12 de septiembre de 2009 | Published in Pensamientos
Una trabajosa y entrecortada respiración resonaba en la oscura habitación, iluminada levemente por la luz que se deslizaba por debajo de la puerta. Su marfileño cuerpo estaba acurrucado entre las sábanas, regadas por el dolor, mientras que unas amargas lágrimas se derramaban, arrasando las pecosas mejillas y dejando a su paso una extenuante senda de sal, desde los verdes ojos, enrojecidos por el llanto. La habitación desprendía un fuerte olor a cerrado y a tristeza, a melancolía y abandono.
Sus fuerzas habían desertado hacía tiempo de su alma, desfallecida había caído en el olvido. Un olvido plagado de sueños dorados que se rompían con tan solo sacarlos a la luz, al igual que los débiles recuerdos del niño que se creyó Emperador de Fantasía.
Quizá él volvería a visitarla y le asediaría con sus odiosas preguntas. Volvería a caer presa del paralizador hielo que la embargaba cuando sus oscuros ojos, semejantes a ardientes carbones, indagaran en los últimos rincones de su alma. Sus labios, que en otro tiempo fueron hermosos, que aún conservaban algo de la perdida belleza, exhalaron un triste y lastimero suspiro.
El manuscrito original, una cuartilla escrita a lápiz, fue compuesto mientras esperaba a Bardo, el Arquero, sentado en un banco de madera, la noche en que una Luna llena y oscura reinó sobre los mortales.
Hadas
Posted by : Juan Carlos Loaysa | domingo, 12 de julio de 2009 | Published in Pensamientos
Las hadas descendieron de los árboles, furiosas guerreras de relucientes armaduras. Sus prístinas alas batían sin cesar a sus espaldas. La cólera transpiraba por cada poro de su ser. Una de ellas se destacó del resto, su porte era majestuoso, dos grandes ojos de color azul pálido llenaban todo su rostro dándole un aspecto inquietante. En su mano derecha blandía un temible aguijón. El furioso alarido resonó en todo el bosque.
Sacudió la cabeza con energía “¿me podéis dejar trabajar?” Pero ya sabía que era inútil, cuando el bosque tomaba el control perdía su capacidad volitiva sobre su imaginación, quien se creía con derecho para irrumpir en cualquier instante con una visión absurda. Las historias buenas, apenas susurradas, las intentaba llevar hasta el final, con esfuerzo… Sin embargo también se poblaba su imaginación con visiones extrañas y absurdas… ¿Hadas? ¿Cuándo había escrito él sobre las hadas?, nunca. Ni siquiera era capaz de perfilarlas, cómo era un hada, una luminosa fugacidad de alas traslúcidas y grandes ojos de un color imposible. ¿Qué hacían? ¿Revolotear?
Sin embargo su mundo estaba lleno de hadas, oscuras o resplandecientes damas. Las musas que gritaban en sus oídos en las calurosas tardes de aquel verano solitario, que inspiraban un fugaz pensamiento, apenas asido para retirarse rápidamente de la batalla, de la batalla de la Creación, dejándolo de nuevo abandonado en el desierto. Una sed, provocada por la sal, estraga la mente del escritor, busca nuevos manantiales donde beber, la fuente de Castalia es su objetivo, y no obstante, parece tan lejana…
Las hadas siguen presentes, silenciosas, contemplando a veces, otras marchándose y dejándole un ligero poso de hiel, robando el agua que necesita para crear, robando los pigmentos necesarios para imprimir un pensamiento en el pergamino. Juguetonas damas del Sidhe, que revolotean luminosas entre la floresta…
Tenebroso
Posted by : Juan Carlos Loaysa | viernes, 19 de junio de 2009 | Published in Pensamientos
Un amanecer inconcluso que sangra sobre el océano sin confiar más que en aquellos que lo asesinaron… La luna se eleva rauda, corre, en su errático rumbo, tras el agonizante. Un murmullo en la lejanía, un sonido incómodo, molesto, un zumbar humano…
La oscura mirada que contempla el mundo desde un alto pináculo, una mirada fría a la que algunas escenas arrancan destellos de vida, de comprensión… Una mirada asqueada ante la incomprensión de los entes contemplados, una mirada que comprende, pero que no puede, no sabe, transmitir su comprensión de la realidad. Los receptores de este mensaje no están preparados para comprenderlo…
La contienda ha comenzado. Desenvaina la espada y se apresta a la lucha. El sonido del acero vibra en el aire, intercambio de golpes, las ondas rebotan contra las piedras, por donde resbala la húmeda y caliente sangre de los adversarios.
Las espadas se cruzaron en un chirrido de acero, mientras las chispas caían al suelo hasta desaparecer, ambos combatientes se contemplaron midiéndose mutuamente.
El humo asciende silencioso hacia el firmamento. Humeantes trozos de madera se precipitaban contra el suelo haciendo bailar las llamaradas y chispas, las casas ardían. El incendio se había propagado por el poblado debido a un descuido, un delicioso descuido, en parte buscado. La prudencia había huido en alas de Céfiro y el descuido se había extendido en forma de llamaradas sin dirección…
Una traviesa sonrisa se percibió en su rostro, la ironía chispeaba a través de sus ojos. Con una mirada al mundo que se extiende a sus pies contempla el devastador incendio que consume las almas arrojadas al vacío.
La silenciosa carcajada, tenebrosa, oculta al mundo. A esas sombras olisconas….
Actúa sin cesar, actúa, tras el prosopon se encuentra la verdadera persona. ¿Alguien podrá penetrar a través del hielo? Ríete. Fuera el Invierno helado, sonríe al incendio y ríete…
Un druida contempla a lo lejos la escena, en una de sus manos sostiene una vara de serbal, la otra se apoya acariciadora sobre la corteza del roble.
Sevilla, 2009


