Traductriz en proceso
Posted by : Juan Carlos Loaysa | martes, 12 de octubre de 2010 | Published in Dedicados
No es oro todo lo que reluce, ni toda la gente errante anda perdida
Posted by : Juan Carlos Loaysa | miércoles, 1 de septiembre de 2010 | Published in citas
- No es oro todo lo que reluce
- ni toda la gente errante anda perdida;
- a las raíces profundas no llega la escarcha,
- el viejo vigoroso no se marchita.
- De las cenizas subirá un fuego,
- y una luz asomará en las sombras;
- el descoronado será de nuevo rey,
- forjarán otra vez la espada rota.
- Rivendel, Bilbo Bolsón
Relatos de Lucidez
Posted by : Juan Carlos Loaysa | sábado, 31 de julio de 2010 | Published in relatos
Años de paz
Posted by : Juan Carlos Loaysa | martes, 15 de junio de 2010 | Published in Marcus: Historias de un oficial romano, relatos, Roma
Hija de la Luna
Posted by : Juan Carlos Loaysa | miércoles, 9 de junio de 2010 | Published in Café de la Luna, Dedicados, Retratos
Mauri
Posted by : Juan Carlos Loaysa | martes, 1 de junio de 2010 | Published in Marcus: Historias de un oficial romano, relatos, Roma
Criptocristiano
Posted by : Juan Carlos Loaysa | miércoles, 21 de abril de 2010 | Published in Marcus: Historias de un oficial romano, relatos, Roma
El Tribuno
Posted by : Juan Carlos Loaysa | martes, 13 de abril de 2010 | Published in Marcus: Historias de un oficial romano, relatos, Roma
El testamento
Posted by : Juan Carlos Loaysa | lunes, 5 de abril de 2010 | Published in Marcus: Historias de un oficial romano, relatos, Roma
El funeral
Posted by : Juan Carlos Loaysa | lunes, 29 de marzo de 2010 | Published in Marcus: Historias de un oficial romano, relatos, Roma
Los Viejos Dioses
Posted by : Juan Carlos Loaysa | martes, 23 de marzo de 2010 | Published in Historias de los Viejos Dioses
Quizá sea anagké, como dirían los griegos, o, seguramente, mera coincidencia.
En el año 2009, un 22 de enero, tras pensarlo bastante me decidí a abrir un blog: Los Relatos de Mashey, con la idea de colgar mis relatos y compartirlos con otras personas. Sin embargo pronto me ví absorvido por la historia de César y Helena, que ya dura en el tiempo. Relatos me ha servido como laboratorio para experimentar en el mundo de los blogs y conocer la acogida de mis historias entre el público, sin embargo, pronto se quedó pequeño. Y así fue como, otro 22, esta vez en el mes de mayo, nació este blog en el que os encontráis, Héspera, formado por retazos de viejos relatos y trozos de una novela que no se publicó, Héspera, el atardecer de Hibernia.
En fin, el propósito de este blog, que comparte con el relato de Leyenda de un Sueño, es hacer llegar la mitología, principalmente grecolatina, aunque espero que no solo, a todo aquel que quiera leerlo, a través de relatos, artículos, críticas de cine y literarias y todo aquello que se nos ocurra.
Espero que lo disfrutéis, un saludo a todos
El hijo de la Argiva. El desafío
Posted by : Juan Carlos Loaysa | lunes, 22 de marzo de 2010 | Published in Historias de los Viejos Dioses
En ese momento se fijó en un objeto que la corriente había dejado en la playa, un enorme baúl de madera con refuerzo de hierro. Se acercó prudentemente, un regalo de Posidón siempre podía ser peligroso. El cofre se estremeció, una voz parecía salir de él. El hombre tiró de él hasta un lugar seco y lo abrió. Se quedó atónito al descubrir a una bella joven que la miraba temerosa, la ayudó a salir y entonces se dio cuenta de que estaba embarazada:
“Me llamo Dictis” se presentó.
“Yo soy Dánae, hija de Arcisio, rey de Argos.”
En ese momento dio un grito de dolor y se llevó las manos a la abultada barriga:
“Mi hijo, ya viene.”
Pasaron diecisiete años, durante los cuales Dictis acogió a Dánae y educó y crió a su hijo como si fuera su propio padre. Perseo se convirtió en un joven atlético de cabellos oscuros y ensortijados, de penetrantes ojos azules. El joven se dedicaba a la caza y a las competiciones atléticas, destacando por encima de sus oponentes en tiro de disco, una pesada pieza de metal que requería una especial habilidad para ser lanzada. Un día Dictis fue convocado al palacio y se le ordenó llevar consigo a Dánae y a Perseo. Temía lo que su hermano podría hacer al ver a la mujer que había acogido en su casa, Dánae se había convertido en una bella mujer de carácter y fuerza.
La velada transcurrió sin incidentes, hasta que el tirano, borracho, provocó a Dánae. Ésta enrojeció por la ofensa pero se mantuvo en silencio. Perseo miró furiosamente hacia el sitial del anfitrión y dijo:
“Los dioses dieron normas de hospitalidad a los hombres, sin embargo en este lupanar no veo que se cumpla ninguna de ellas, más bien por el contrario, el anfitrión se divierte infringiéndolas.”
Policdetes, rojo de ira ante el insulto, vociferó:
“¡Insolente! ¿Cómo osas dirigirte al rey de tu tierra de esta manera? Te guste o no, tu madre se quedará en este palacio, solo podrás liberarla si me traes la cabeza de la Gorgona Medusa en una bolsa.”
Medusa era un horrible ser, hija de titanes, medio mujer, medio serpiente, con el poder de convertir a los hombres en piedra, se decía que sus cabellos eran en realidad serpientes de poderosa mirada. Perseo miró a su madre con suavidad, temeroso de enfrentarse a la prueba pero decidido a salvar a su madre. El silencio se prolongó largo tiempo.
“Ya me parecía a mí que el gallito cacareaba demasiado rápido” dijo el tirano.
Perseo le miró con dureza y con un rictus de odio en la boca se volvió para salir del palacio:
“Volveré madre.”
La historia continúa en Historias de los Viejos Dioses
El hijo de la Argiva. El comienzo
Posted by : Juan Carlos Loaysa | sábado, 20 de marzo de 2010 | Published in Historias de los Viejos Dioses
“Marta, déjalos” interrumpió el abuelo “¡sentaos aquí!
Ellos, poco dispuestos a irse, aprovecharon la ocasión y se sentaron en la moqueta a los pies del abuelo:
“Os voy a contar la historia de un príncipe de hace mucho, mucho tiempo. La Historia del Príncipe Perseo, de cómo mató a Medusa y se convirtió en el rey más poderoso de toda Grecia”
En el ágora de Tirinto, ciudadela de los dioses, era día de mercado. Entre la algarabía reinante un pequeño grupo, que iba engrosando con el paso del tiempo, permanecía en silencio escuchando a un solo hombre. Éste era un anciano de ojos cegados, cuya melodiosa voz tenía acentos de las tierras de más allá del Egeo, de las ciudades de la Jonia cercanas a los bárbaros de Oriente.
“¿Sabéis quién fundó la ciudad de Micenas, la rica en oro? ¿Conocéis las historias de los reyes y príncipes que contribuyeron al engrandecimiento de los Perseidas? Os voy a relatar una historia sin parangón, una historia de misterios, traiciones, aventuras… Espero que la Musa, hija de Zeus, me conceda la gracia y la voz para transmitir aquello que me susurra al oído…”
En la ciudad de Argos, hace mucho tiempo, reinaba Arcisio. Tenía una hija, Dánae, una bella niña de cabellos dorados y ojos oscuros, de danzarines piernas y melodiosa voz. El rey estaba feliz ya que su reino, que tanto le había costado conseguir, ya tenía una heredera. Sin embargo el dios de Delfos acabó con esta alegría. Profetizó que el hijo de Dánae mataría a su abuelo y lo sustituiría en el trono. Ante esto, Arcisio, temeroso de los designios del dios encerró a su hija, cuando ya había alcanzado la edad de tener hijos, en una alta torre de su palacio.
Un día, Zeus, el padre de los dioses y señor del Olimpo, descubrió a la joven en su prisión y enamorado de ella decidió entrar en la estancia. Esa tarde cuando Dánae contemplaba melancólica las paredes de la habitación en la que estaba encerrada, sin que ni siquiera un rayo de sol pudiera colarse por una ventana vio un prodigio: un líquido dorado goteaba del techo. La princesa no se movió de lugar mientras esperaba a ver en que acaba todo aquello.
De pronto del charco dorado surgió un hombre, de barba negra y espesa, ojos azules, fuerte y que irradiaba una poderosa autoridad. Sin palabras, la princesa sabía que quien la visitaba era un dios, se contemplaron mutuamente. La princesa clavó sus negros ojos en la figura mientras la pasión se encendía en su pecho.
Arcisio no daba crédito al hecho palpable de que su hija estaba embarazada de varios meses, la profecía del dios parecía inevitable. Sin embargo aún podía hacerse algo, temeroso de perder la vida a las manos del fruto de su hija, la encerró en un enorme baúl de madera y la arrojó al mar, el Ponto se encargaría, y con suerte sería devorada por alguno de los animales de Posidón, y, o eso esperaba, no volvería a saber de ellos nunca más.
Cigarrillos atemporales
Posted by : Juan Carlos Loaysa | jueves, 11 de marzo de 2010 | Published in Pensamientos
“¡A tomar por culo los perfectos!” pensó furiosa mirando las paredes que la rodeaban.
Sin embargo allí estaba, recluida por propia iniciativa, en el mundo virtual. Su único contacto con otra realidad exterior a esa era el cigarrillo que se consumía. Sentada en la cama con el pijama puesto a pesar de que, según el ordenador, ya fueran las siete de la tarde y con las piernas cruzadas:
“¡Señor!” pensó mientras se desperezaba, “podría mantener esta postura durante horas.”
Miraba la pantalla, en realidad no buscaba soluciones en ella, no cometería tal estupidez, solo le pedía que ese aséptico mundo la envolviera y la acunara en el olvido. Su mirada estaba vacía, hoy no tenía ganas de pensar.
Había buscado un trabajo durante meses sin éxito y estaba psicológicamente agotada por el fracaso. No quería ver a nadie, no quería pasar largas noches en el pub de siempre, con la gente de siempre, viendo pasar las horas con cada copa que se tomaba en insustancial conversación con aquellos que la rodeaban.
“¿No habíamos quedado en que hoy no íbamos a pensar?” le espetó a la pantalla. Su naturaleza introspectiva era incorregible.
Una pausa. Hablar en voz alta le había sentado bien, pensaba mientras se liaba lentamente un cigarrillo. La llama del mechero prendió y consumió una nueva calada.
Vacío, Internet estaba vacío…
Sabía que si conectaba el Messenger miles de lucecitas le saldrían al encuentro, incluso en desconectada decenas de mensajes reclamaban su atención. Sabía que si salía a la calle muchas personas, amigos, buenos amigos, y conocidos, unos nuevos y otros viejos, le saldrían al paso. No tendría por qué gastar dinero, conocía los lugares a dónde ir para ser invitada.
Pero hoy, sinceramente, estaba cansada, incluso un poco hastiada, quizá cansada del hastío o hastiada del cansancio…
Esa niñata de sonrisa fácil y seductora, que le gustaba relucir a la luz de los focos, que se hacía la huraña y la dura, esa niñata a la que conocía tan bien, rondaba por las calles y no tenía ganas de cruzarse con ella, no quería saber nada de ella en un tiempo… Estaba cansada de sus argucias. Esa furcia de labios de cereza que destilaban veneno, con su impecable aspecto de modelo de Mango y la caterva de babeantes perros de pelo planchado que le seguían. Con su insoportable hedor a perfume Lady Rebel y su contoneo lascivo al bailar…
Y para colmo él no estaba. Tampoco podría llorar y desfogarse en su hombro, abrazar su calor y sentirse segura…
Definitivamente hoy no era su día y no quería seguir pensando. Se sumergiría de nuevo en el vacío de la Red…
Reflexiones junto a la chimenea
Posted by : Juan Carlos Loaysa | domingo, 28 de febrero de 2010 | Published in Artículos
Lo cierto es que en el Testamento de Adán no se decían muchas cosas, al menos en cuanto podemos interpretar las palabras del Génesis. En él a Adán, y a Eva por extensión, se les ordena crecer y multiplicarse, culminar la Creación de Dios y cuidarla y gobernarla como sus señores, poder concedido por Dios. Acerca de esto podría también discutirse, y de hecho ya se discutió, en el sentido de si el poder para gobernar se lo daba Dios al monarca/gobernante o al pueblo que lo depositaba en un solo líder, pero no es el objeto de este artículo, por lo que solo lo dejo esbozado. Siguiendo con el Génesis, también se nos narra la desobediencia y soberbia del hombre, que consciente de su inmenso poder lo emplea desordenadamente, en resumen, se nos cuenta el asunto de la manzanita, que no era tal… Y como consecuencia de ello, además de perder los increíbles poderes que el hombre tenía, dones preternaturales los llama la Teología Cristiana, es castigado a sudar con su trabajo, a dar a luz con dolor… la armonía del universo había quedado muy dañada.
Podemos decir que ese es el testamento de Adán al que hacía referencia el rey francés, y hoy día, de alguna manera, seguimos viendo sus consecuencias, en el desastre haitiano, en el caos gubernamental que asola tantos países, en los abusos sociales, en el paro… No es responsabilidad de una divinidad, ya sea personal o un punto de energía pura con la que fusionarse alegremente, si no de las acciones de cada uno de los hombres. Es aquello que los griegos llamaban hybris, traducidlo por soberbia si os place, los arcaicos, Herodoto y los trágicos creían que la hybris humana tenía una némesis divina, los dioses, mediante el sufrimiento, reintegraban al hombre dentro de los límites que había traspasado, luego ya fueron perdiendo estas ideas.
Y es que la libertad humana tiene pocas barreras, en realidad, como diría un ateniense del siglo V a.C. “el hombre es la medida de todas las cosas”, o al menos eso es lo que pensaron los hombres durante muchos siglos, idea a la que se añadió que el hombre es responsable de sus acciones ante Dios y ante la sociedad. Hoy día, al parecer, se ha olvidado esa segunda idea, casi nadie se responsabiliza de sus actos, es muy oportuno que en una familia haya un niño pequeño, también se acude a la ignorancia, sin hacerse la pregunta ¿se ha tomado la molestia de saber? El imperio de la comodidad y el confort se ha adueñado de la sociedad, ya se decía en los años posteriores a la Guerra Fría, la Sociedad del Bienestar. ¿Habrá cumplido esta sociedad sus fines? Lo cierto es que en la ciudad en que resido actualmente hordas de… iba a decir bárbaros, pero pobres bárbaros, no merecen esta comparación, digamos manadas de engendros masificados, toman las calles las noches de los jueves, viernes y sábados, con el inefable fin de pasar frío y alcoholizarse en algún parque, y quizá satisfacer sus deseos de macho… Amablemente, las autoridades, sí esas mismas que antes nos preguntábamos de donde procede su poder, les dan un lugar donde poder ejercer su “derecho” a estupidizarse. Es una generación de la que nadie quiere responsabilizarse, los padres achacan la “culpa” a los colegios, los profesores al Estado, y éste los toma en sus manos y los convierte en peones de sus intereses: mejor que sean idiotas y estén quietecitos satisfaciendo sus mezquinos apetitos a que piensen y se den cuenta del mundo que les rodea e intenten hacer algo por él.
Entretanto legiones de hombres y mujeres de otra generación que poco a poco han acabado su formación, quizá la última generación formada en condiciones, se consumen en la apatía y la frustración al no encontrar salida para sus aspiraciones de cambio y mejora.
El mundo no ha cambiado tanto desde que Adán legó su testamento a sus hijos, ni tampoco desde que el poderoso rey francés codiciara los secretos de una tierra aún por descubrir. El hombre se sigue enfrentando a los mismos desafíos, ya que sigue siendo hombre, lo que ahora ha cambiado es la forma de hacerlo y las dificultades para hallar esas respuestas.
PIRATAS
Posted by : Juan Carlos Loaysa | sábado, 27 de febrero de 2010 | Published in Artículos
En realidad la idea me vino tras la visita que hicimos Dafne y yo al Archivo de Indias y vimos la exposición temporal de Piratas, Mare Clausum, Mare Liberum. Y con dicha ambientación empezó a germinar este artículo.
Como iba diciendo nos centraremos en los Piratas del Caribe y en la imagen que de ellos ha llegado a través del Romanticismo y las películas de hoy día. Los piratas no servían a ningún señor más que a ellos mismos, muy distintos de los corsarios, sobre todo ingleses, que ejercían la piratería por mandato de sus monarcas, mediante una cédula, la Patente de Corso, que les ofrecía protección a cambio de que ejercieran sus acciones piráticas contra los enemigos de la Corona, en este caso España.
El paradigma de corsario es un personaje conocido en Inglaterra como Sir Francis Drake y en España como el pirata Drake, quien se consideraba a sí mismo como un noble y le hervía la sangre cada vez que los españoles le trataban de vulgar pirata. Llevó a cabo muchas acciones piráticas, incluso contra España, asaltó Cádiz para impedir la construcción de la Armada Invencible, fue el primer no español que dio la vuelta al mundo y abrió el Pacífico, ese inmenso lago español, a las acciones piráticas de otras potencias.
Los piratas fueron hombres exóticos, que llevaron una moda propia, al estilo Jack Sparrow o de los terribles piratas de la Isla de las Cabezas Cortadas, al continente europeo, donde nunca fueron bien vistos, aunque, eso sí, los ingleses les agradecían el favor que les hacían sometiendo a una vida de infarto a las poblaciones costeras de las Indias Occidentales.
Los piratas y corsarios fueron un elemento a tener en cuenta en las guerras de las potencias europeas, principalmente entre España y Francia, Holanda e Inglaterra, en territorio americano. De hecho, una de las primeras cosas que robaron los corsarios de estas potencias fueron islas para sus Coronas.
Ni de lejos está dicho todo, no creo que me haya acercado a esbozar siquiera lo que fueron los piratas y corsarios de la época Moderna, pero os dejo un poema del romanticismo y su versión en canción:
Con diez cañones por banda,
viento en popa, a toda vela,
no corta el mar, sino vuela
un velero bergantín.
Bajel pirata que llaman,
por su bravura, El Temido,
en todo mar conocido
del uno al otro confín.
La luna en el mar riela
en la lona gime el viento,
y alza en blando movimiento
olas de plata y azul;
y va el capitán pirata,
cantando alegre en la popa,
Asia a un lado, al otro Europa,
y allá a su frente Istambul:
Navega, velero mío
sin temor,
que ni enemigo navío
ni tormenta, ni bonanza
tu rumbo a torcer alcanza,
ni a sujetar tu valor.
Veinte presas
hemos hecho
a despecho
del inglés
y han rendido
sus pendones
cien naciones
a mis pies.
Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.
Allá; muevan feroz guerra
ciegos reyes
por un palmo más de tierra;
que yo aquí; tengo por mío
cuanto abarca el mar bravío,
a quien nadie impuso leyes.
Y no hay playa,
sea cualquiera,
ni bandera
de esplendor,
que no sienta
mi derecho
y dé pechos mi valor.
Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.
A la voz de "¡barco viene!"
es de ver
cómo vira y se previene
a todo trapo a escapar;
que yo soy el rey del mar,
y mi furia es de temer.
En las presas
yo divido
lo cogido
por igual;
sólo quiero
por riqueza
la belleza
sin rival.
Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.
¡Sentenciado estoy a muerte!
Yo me río
no me abandone la suerte,
y al mismo que me condena,
colgaré de alguna antena,
quizá; en su propio navío
Y si caigo,
¿qué es la vida?
Por perdida
ya la di,
cuando el yugo
del esclavo,
como un bravo,
sacudí.
Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.
Son mi música mejor
aquilones,
el estrépito y temblor
de los cables sacudidos,
del negro mar los bramidos
y el rugir de mis cañones.
Y del trueno
al son violento,
y del viento
al rebramar,
yo me duermo
sosegado,
arrullado
por el mar.
Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mi ley, la fuerza y el viento,
mi única patria, la mar.
La Canción del Pirata, José de Espronceda
Sevilla, 2010
Las hadas de la Noche
Posted by : Juan Carlos Loaysa | martes, 16 de febrero de 2010 | Published in De otros
Imitando frente a un espejo
a los artistas del renacimiento
o quizás a los de otro cuento
que las miro y quedo perplejo.
La noche las transforma en hadas
en sueños de mirones y buitres
que les invitan una y otra vez
a volar por charcos de babas.
En casa de la luna caminan
rompiendo con paso firme y noble
los cráteres, y cualquier corazón que hable
con una mirada tajante lo acunan.
-Son de carbón interno
y el alcohol de los ojos-
-rumba del piano-, infierno
de caderas y terribles piropos.
del más austral de los continentes
acento de mezclas dementes,
la noche y el ritmo es tu equipaje.
No vayas suavemente hacia la dulce noche
Posted by : Juan Carlos Loaysa | lunes, 1 de febrero de 2010 | Published in De otros
Los viejos años deberían arder y, al fin, delirar.
Lucha, lucha furiosamente contra la muerte del día.
Son hombres sabios que saben apreciar la oscuridad
porque sus palabras no han traído la luz.
No van suavemente hacia la dulce noche.
Son hombres buenos que se lamentan a última hora porque
sus hechos podrían haber bailado entre verdes laureles.
Luchan, luchan furiosamente contra la muerte del día.
Son hombres salvajes que cantaron al sol y lo atraparon al vuelo
Y aprendieron, demasiado tarde, que sufren en el camino.
No van suavemente hacia la dulce noche.
Son hombres serios, casi muertos, que van a ciegas.
Ojos ciegos que podrían ser alegres y brillar como estrellas.
Luchan, luchan furiosamente contra la muerte del día.
Y tú, padre mío, que estás en la triste cumbre,
maldíceme, bendíceme ahora con intensas lágrimas, te lo ruego:
No vayas suavemente hacia la dulce noche.
Lucha, lucha furiosamente contra la muerte del día.
Traducción de D.
Cursiva de M.
La última Noche
Posted by : Juan Carlos Loaysa | sábado, 30 de enero de 2010 | Published in El Caballero
Caminaron en el suave atardecer, estaban sin dinero, sin planes, pero poco les preocupaba, estaban juntos y solo eso importaba...
Recogieron al samurai, hacía poco se había cortado la coleta, y se fueron a redescubrir a ciudad. Cenaron unos bocatas y volvieron a cenar entre vikingos, en una posada que olía a cuero y acero, entre gárgolas y vidrieras.
Poco después estaban en otro lugar, con amigos y risas, la cerveza y la música corrían a raudales. Las puertas de la Luna se cerraron solo para ellos y bailaron, ella rozó las estrellas con sus dedos mientras la música seguía y seguía...
La noche, la última noche en aquella ciudad, se iba entre música y cerveza, con amigos, y paseos a la luz de las estrellas...
Perdidos en la noche
Posted by : Juan Carlos Loaysa | sábado, 16 de enero de 2010 | Published in El Caballero
Ellos se sentaron en el sofá bajo la inquisitiva e irónica sonrisa del anfitrión. Sus ojos se reían de lo curiosa que había resultado la vida de los tres. Un pequeño gato negro hizo amena la noche que podía haber sido tensa. Ninguno de los dos desvelaría el secreto que el tercero ya conocía.
De nuevo al resguardo de la oscuridad caminaron por las húmedas calles de la ciudad, sin un rumbo fijo que seguir, allí donde les llevaran sus pasos. Entre risas ambos cantaron canciones que conocían, el temor a la lluvia se hizo presente, sin embargo siguieron inundando de melodías la ciudad.
Las hijas de Zeus que guardan las puertas del Olimpo pasaron rápidamente. Ellos se protegían en los callejones, descubrían la ciudad bajo la luz de las lejanas estrellas, buscando una chocolatería que nunca apareció. Sus pies volaron sobre los empedrados de las solitarias y vacías calles, se detuvieron en extraños soportales, fueron perseguidos por taxis y coches de policías, se tumbaron en las puertas de las iglesias…
Al final volvieron al lugar del que habían partido y un dulce sueño se apoderó de sus párpados, acurrucados el uno contra el otro en una maraña de sábanas y mantas que ahuyentaron el cruel frío que se había introducido en sus huesos.
Nueve lunas
Posted by : Juan Carlos Loaysa | jueves, 7 de enero de 2010 | Published in El Caballero
Ahora fumaba lentamente el último cigarrillo que se había liado con sus fríos dedos, ateridos por un lluvioso invierno. La cazadora de cuero estaba húmeda por la fría llovizna, olía a tabaco. Su rostro contemplaba la plaza, descansaba la tranquila mirada, oculta tras unas gafas de sol totalmente innecesarias, en los viandantes.
Un caluroso verano al que había seguido un extraño otoño, caluroso y lluvioso, y un lluvioso invierno. Ese otoño que desde el comienzo había traído grandes cambios… Ya lo había anunciado la primavera con su imprevisto terremoto.
¡Qué diferentes estaban siendo ambas estaciones! No sólo en las obviedades climáticas, si no sobre todo en los cambios vitales y anímicos que a estos acompañaban. Las Musas, después de años de tenerlas amordazas, se habían lanzado sobre su mente para crear nuevos mundos y expresar miles de pensamientos, la fuente de Castalia había manado abundantemente en verano y parte del otoño… Sin embargo la lluvia de invierno trajo sequía a su pluma…
El verano lo había sorprendido en una casa en la que imperaba el desorden, y el orden, un modo de vida muy distinto, unos compañeros peculiares: un pillo, una buena chica, el nigromante y la Dama del Dragón. Aventuras, muchas, desventuras, pocas, momentos épicos, momentos de abandono, rosas, noches y ron… La vida tomó el color de una dulce noche de verano, con pequeños chubascos acá y acullá.
Se acercó a diferentes ríos y charcas intentando probar su agua sin suerte, el verano no le deparó ninguna cascada en la que beber. Sin embargo conoció en otoño, con la caída de las hojas y un calor que no hacía honor a la estación, a una dríade de ojos de miel que le llevó a nuevas fuentes en las que saciar su sed.
Hacía pocos días que había comenzado un nuevo año. El anterior había muerto entre sonrisas y lágrimas, final perfecto para un año muy diferente a todos los demás, un año en el que la vida había cambiado radicalmente. El nuevo había llegado a su vida repleto de risas y alcohol, de bromas y veras…
Los problemas no se habían quedado en el año anterior, muchos seguían allí, pesaban como una losa, sin embargo se había acostumbrado a vivir con ellos y el futuro ya no parecía tan negro. Insospechadas soluciones se encontraban en extraños recovecos, ya se lo había enseñado la primavera de marzo y el otoño de noviembre.

