Él experimentó dos sensaciones contrapuestas, ternura, una sonrisa estuvo a punto de aparecer en su rostro y prevención ante esa emoción. Iba a pasar de largo y seguir sumido en su silencio cuando, de repente, se encontró a su lado rozándole ligeramente el brazo con los dedos y ensayando una sonrisa aséptica que poco decía.
Los finos labios de ella se curvaron haciendo chispear, como siempre, sus ojos, y girándose hacia él lo recibió. El caballero y la dama se saludaron ignorando las palabras intercambiadas en un pasado reciente que parecía tan remoto en esos momentos. Una conversación banal acerca de la superficie de sus vidas se desarrolló entre ambos, pero las prisas del uno y las reticencias de la otra desembocaron en una rápida despedida, en un deseo apenas invocado…
Hoy no puedo raptarte…

