Lo recogió y lo guardó en el bolsillo de la cazadora mientras salía despidiéndose. Fuera el suave sol otoñal revestía la ciudad. Era fin de semana y tenía poco que hacer, así que caminó, estirando sus largas piernas, enfundado en su cazadora y pensando en el papel que llevaba oculto en el bolsillo.
Una vez en el parque se sentó en uno de los bancos que corrían a lo largo del camino y se preparó para la lectura del insignificante fragmento. Lo tomó entre sus dedos y lo contempló un instante deleitándose en el misterio….
“Ella estaba indecisa, ¿qué camino debía escoger? El sendero que hasta ahora había seguido se bifurcaba en dos y no sabía cuál de ellos tomar. La elección se le antojaba importante y debía meditarlo con detenimiento, por ello se sentó a la sombra de un almendro cercano…”
A partir de ahí se alzaba imponente una tachadura que hacía ilegible el resto.
"Que absurdo, sonrió, tanto misterio para una historia inconclusa y sin mucho sentido. Que caprichosas son las musas…"
El parque estaba tranquilo en esas últimas horas de la tarde del sábado, un suave viento se alzaba refrescando la atmósfera, la noche caería pronto y ella le esperaba para cenar.

