Lo cierto es que en el Testamento de Adán no se decían muchas cosas, al menos en cuanto podemos interpretar las palabras del Génesis. En él a Adán, y a Eva por extensión, se les ordena crecer y multiplicarse, culminar la Creación de Dios y cuidarla y gobernarla como sus señores, poder concedido por Dios. Acerca de esto podría también discutirse, y de hecho ya se discutió, en el sentido de si el poder para gobernar se lo daba Dios al monarca/gobernante o al pueblo que lo depositaba en un solo líder, pero no es el objeto de este artículo, por lo que solo lo dejo esbozado. Siguiendo con el Génesis, también se nos narra la desobediencia y soberbia del hombre, que consciente de su inmenso poder lo emplea desordenadamente, en resumen, se nos cuenta el asunto de la manzanita, que no era tal… Y como consecuencia de ello, además de perder los increíbles poderes que el hombre tenía, dones preternaturales los llama la Teología Cristiana, es castigado a sudar con su trabajo, a dar a luz con dolor… la armonía del universo había quedado muy dañada.
Podemos decir que ese es el testamento de Adán al que hacía referencia el rey francés, y hoy día, de alguna manera, seguimos viendo sus consecuencias, en el desastre haitiano, en el caos gubernamental que asola tantos países, en los abusos sociales, en el paro… No es responsabilidad de una divinidad, ya sea personal o un punto de energía pura con la que fusionarse alegremente, si no de las acciones de cada uno de los hombres. Es aquello que los griegos llamaban hybris, traducidlo por soberbia si os place, los arcaicos, Herodoto y los trágicos creían que la hybris humana tenía una némesis divina, los dioses, mediante el sufrimiento, reintegraban al hombre dentro de los límites que había traspasado, luego ya fueron perdiendo estas ideas.
Y es que la libertad humana tiene pocas barreras, en realidad, como diría un ateniense del siglo V a.C. “el hombre es la medida de todas las cosas”, o al menos eso es lo que pensaron los hombres durante muchos siglos, idea a la que se añadió que el hombre es responsable de sus acciones ante Dios y ante la sociedad. Hoy día, al parecer, se ha olvidado esa segunda idea, casi nadie se responsabiliza de sus actos, es muy oportuno que en una familia haya un niño pequeño, también se acude a la ignorancia, sin hacerse la pregunta ¿se ha tomado la molestia de saber? El imperio de la comodidad y el confort se ha adueñado de la sociedad, ya se decía en los años posteriores a la Guerra Fría, la Sociedad del Bienestar. ¿Habrá cumplido esta sociedad sus fines? Lo cierto es que en la ciudad en que resido actualmente hordas de… iba a decir bárbaros, pero pobres bárbaros, no merecen esta comparación, digamos manadas de engendros masificados, toman las calles las noches de los jueves, viernes y sábados, con el inefable fin de pasar frío y alcoholizarse en algún parque, y quizá satisfacer sus deseos de macho… Amablemente, las autoridades, sí esas mismas que antes nos preguntábamos de donde procede su poder, les dan un lugar donde poder ejercer su “derecho” a estupidizarse. Es una generación de la que nadie quiere responsabilizarse, los padres achacan la “culpa” a los colegios, los profesores al Estado, y éste los toma en sus manos y los convierte en peones de sus intereses: mejor que sean idiotas y estén quietecitos satisfaciendo sus mezquinos apetitos a que piensen y se den cuenta del mundo que les rodea e intenten hacer algo por él.
Entretanto legiones de hombres y mujeres de otra generación que poco a poco han acabado su formación, quizá la última generación formada en condiciones, se consumen en la apatía y la frustración al no encontrar salida para sus aspiraciones de cambio y mejora.
El mundo no ha cambiado tanto desde que Adán legó su testamento a sus hijos, ni tampoco desde que el poderoso rey francés codiciara los secretos de una tierra aún por descubrir. El hombre se sigue enfrentando a los mismos desafíos, ya que sigue siendo hombre, lo que ahora ha cambiado es la forma de hacerlo y las dificultades para hallar esas respuestas.

