Una nueva música

Posted by : Juan Carlos Loaysa | domingo, 19 de febrero de 2012 | Published in

Soplaba Poniente, el suave viento del Oeste arrastraba la humedad del ancho río Océano haciendo que el calor fuese desapareciendo de las costas umbrías que se encontraban en el extremo del mundo, más allá de Ogigia, donde habita Calipso, más allá de las columnas que levantó Heracles en testimonio de su paso por aquellas tierras.

En esta tierra habitaba una dulce ninfa de espesa y rizada melena, sus graciosos bucles descendían enredándose y bailando al son del travieso Poniente. Sus ojos de miel, en donde se entreveraban el castaño de los bosques y el verde del mar, estaban llenos de la luz del nuevo día. La ninfa, nacida a orillas de Océano, cantaba al nuevo amanecer que se extendía allá en el lejano Oriente.

“Estas melodías son ya demasiado conocidas” pensó ella “los caramillos y flautas ya no me inspiran como antes. Estoy cansada de esta música, querría igualar al viento que sopla entre los árboles, al suave Poniente que viene del mar”.

No temía salir de sus costas, los dioses le habían dado facilidad para aprender las lenguas que se hablaban en el ancho mundo. Así que, decidida, remontó el poderoso río que desembocaba cerca de sus islas y explorar las maravillas que se ocultaban más allá.

“Mi nuevo instrumento debe ser de madera y cuerda, un suave viento para mecer los sueños de mis árboles”.

De esta manera, con estos pensamientos en su bella mente, Dafne dejó atrás las costas en las que había nacido y caminó en alas del viento de Poniente hacia el norte de aquellas tierras. Contempló la verde campiña bañada por el sol donde crecía la vid de la que el nace el vino, alegría de los dioses y el trigo, alimento de los hombres. Los bosques crecían en todas aquellas tierras, una ardilla podía pasearse por aquellos árboles sin llegar a tocar el suelo, decía la tradición. Y nuestra ninfa, paseó al son de la música de las esferas, que ella podía escuchar, entre aquellos bosques, conversando con los árboles.

Los recios gigantes de madera le contaban sus secretos, murmurando entre sus hojas donde se mezclaban el verde y la plata. Dafne aprendió así el arte del viento y de las cuerdas, mientras la semilla de su pensamiento germinaba en la fértil tierra que era su mente. Susurraba canciones en muchas lenguas y los trinos de los pájaros del bosque la acompañaban.

Un día llegó a un claro del bosque, donde un alto y anciano árbol de una especie desconocida para ella se alzaba en solitario. En su tronco nudoso se habían formado aberturas que semejaban unos ojos y una boca. De pronto sus ojos se iluminaron con una brillante luz esmeralda y una voz profunda dijo:

“Hija del agua salobre has partido de tu tierra en busca de un nuevo instrumento que pueda hacerte comprender los vientos y su musicalidad. Si quieres aprender siéntate y escucha, si no, sal de mis dominios. Pues yo soy el más anciano de los músicos, bajo mi poder están los sonidos y la melodía, el ritmo y la pausa.”

Dafne sorprendida contempló al anciano señor de los árboles, hablaba en un idioma desconocido para ella, pero en su corazón lo entendía. Arrobada se sentó sobre sus talones y de esta manera escuchó y aprendió sobre la madera, las cuerdas, los ritmos… Cuando el anciano árbol acabó de hablar la ninfa sabía que tenía que hacer para lograr su objetivo. Para ello puso sus deseos y su magia al servicio de su voluntad y ocurrió lo que para un observador casual parecería un milagro. Las ramas caídas en el bosque se pulieron y ensamblaron creando un objeto parecido a una miniatura de barco con un largo mástil que surgía en su proa. Esta nave estaba surcada de proa a popa por unos finos hilos de metal brillante, el último de los cuales era de oro, sujetos por unas clavijas en los que se enrollaban. No contenta con este logro, la ninfa ideó un arco de flexible madera, cuya cuerda eran sus bellos cabellos.

En ese momento el tiempo se detuvo y una nueva melodía, que el mundo no había oído jamás, nació en el bosque. El arco tocó los hilos de metal y nacieron notas nuevas que rivalizaron con el viento sobre los árboles y con el sonido que sobre las olas elaboraba el viento de Poniente.

Leyenda de un sueño, el origen: Los artífices de la Leyenda

Posted by : Juan Carlos Loaysa | domingo, 18 de septiembre de 2011 | Published in

En la anterior entrada contamos como nació la historia de Leyenda y sus influencias, ahora nos centraremos en cómo se fue desarrollando a partir de la llegada de César y Helena a ese misterioso mundo.

El primer gran personaje que encontramos en el Mundo de los Sueños es el rey Perseo, con toda la carga mitológica que ello conlleva. La escena de la comida de Perseo está calcada del recibimiento que el rey Menelao hizo a Telémaco en la Odisea, con el mismo lenguaje y la misma recreación, al fin y al cabo están en torno al siglo XI a.C. ¿no?

En la mesa de Perseo encontramos a un personajillo gracioso, un niño, apenas un adolescente, que posee, sin embargo una gran sabiduría. Es Hypnos, hijo de Morfeo, las referencias al sueño menudean por todo el relato. Él será quien lleve la batuta de la conversación, quien nos hable de los Dones y los Guardianes. En suma, será él quien le diga a César cómo llevar a cabo su misión. Ya Quevedo le había dicho en qué consistía.

Los dones están presentes en todo el relato. Sabemos que hay cinco, la videncia, la sanación, la guía, la sabiduría, la guerra y la magia y cada uno de los personajes principales ostenta uno. Los conceden los Guardianes, esos misteriosos protectores de la Princesa que, no obstante, no pudieron guardarla de El Otro. Los dones se irán desarrollando junto con los personajes, en quien más se percibe es en César.

Así pues es Hypnos quien pone al corriente al lector de en qué consiste la misión de César así como la naturaleza de Mundo de los Sueño, por donde se van a mover los personajes. Una vez están los cuatro deben ir a buscar al Mago, quien había estado en la reunión con los Guardianes donde se conocieron Hypnos y Quevedo. Lo que no sabían era que en el camino iban a encontrar a un romano, una espada, algunos enemigos y hadas. También conoceremos la misteriosa y legendaria isla de Éire

Tras el encuentro con Gael, el cual también está inspirado en algunos personajes de Los Anales Drogheda, este es quien toma el relevo de Hypnos para descubrirnos el Mundo de los Sueños, y por su poder se adentran en la Historia y Leyenda de Cartago, de Bizancio, de Troya y al portal que conecta las épocas.

A partir de entonces la Leyenda se precipita a un trepidante ritmo hacia su conclusión. ¿Qué ocurrirá tras el portal? Os animo a descubrirlo.

Como decía al principio de etas entradas, he logrado poner FIN a esta Leyenda, solo le falta un repaso de estilo y estas cosas que por falta de tiempo no le he dado. Espero que la disfrutéis.

¡Un abrazo a todos!

Leyenda de un sueño, el origen: los primeros personajes

Posted by : Juan Carlos Loaysa | domingo, 11 de septiembre de 2011 | Published in

La historia que protagonizan César y Helena nació a finales del año 2008 en Córdoba con la intención de que fuera un relato corto de no más de diez folios. Sin embargo hubo varios factores que hicieron que este proyecto rebosara de su primera vasija, uno de ellos fue que inició el blog de Relatos de Mashey, otro que tanto la historia que se narraba como los personajes que en ella iban interviniendo me fueron atrayendo cada vez más. Por otro lado en ese entonces tenía varios relatos inacabados, entre ellos una novela de la que hoy día estoy escribiendo, aunque abandonada desde hace un par de años, la segunda parte. No quería que pasara eso con este relato, quería escribir un FIN, un epílogo, esas cosas, me ha costado casi tres años, pero lo he logrado.

Así pues tenemos esas motivaciones, pero ¿de qué iría la historia? ¿Quién la protagonizaría? En ese momento pasaba por un momento de crisis literaria, quería dejar de escribir de Fantasía e Historia, no aparecería ni Elfos, ni Enanos, ni nada parecido, sería en la vida real, más o menos, porque de pronto me vi secuestrado por alguien que no me esperaba: la Mitología Clásica. Y apareció una tercera motivación: la didáctica, enseñaría un poco de mitología a través de mis personajes.

Bien, ya hemos logrado el objetivo por el que embarcarse en esta aventura, ahora los personajes. El primero que nació fue César, una especie de alter ego mío, era lo más sencillo para un relato corto. Universitario, con una gran imaginación y una amplia cultura, estudiante de Bellas Artes, no quería que fuese de nada relativo a Humanidades, ni pegaba en Ciencias y el Derecho es muy soso para esta Leyenda. Y de pronto apareció su adversario, una sombra de ojos azules fríos y crueles.

“¡Eh! ¡A ese lo conozco ya!” me dije. Y así era, me robé a mí mismo, porque El Otro no era ni más ni menos que Gargoris, el cruel señor del mal de Los Anales Drogheda, mi novela. Más tarde, sería un Guardián traidor, pero aún no habían nacido los Guardianes. Pero, ¿dónde coloco a esta potencia planetaria reconvertido en el Señor Oscuro de un sueño de César? Y así nació la Princesa de los Ojos Verdes.

“¡Anda! ¡A esa la conozco yo también!”. De nuevo me copié a mí mismo, la Princesa está basada en Luthwen Deirdre, elfa y maga Drogheda de la novela ya mencionada. Pero en este caso, El Otro había atrapado a la Princesa, necesitaba de un Héroe que la salvara. Y en ese momento Bastián Baltasar Bux abrió el libro que había robado a Koreander, ¡ah, no!, esa es otra historia. Pero sí estuvo presente en este tramo de la Leyenda. De hecho, en el original una parte iba en azul y otra en negro, pero con su traslado a blogger, el desarrollo de la historia y mi inexperiencia, no pasó de ser experimental.

Así pues César está en el Mundo Real y El Otro y la Princesa en el Mundo de los Sueños, que pronto se pobló de Mitología Clásica. Pero César seguía viviendo su vida y a esta vida pertenecía una chica de cabellos de miel.

Al principio se llamó Ámbar, sí, lo siento, pero siempre supe que era un nombre provisional. Necesitaba un nombre que sonara bien en griego, Electros, también copiado de Anales solo que en este caso es un planeta. Sin embargo cuando se bajó de Orestes en la ciudad de Micenas su nombre apareció nítidamente en la noche estrellada, ella sería Helena, por supuesto con la H para señalar su espíritu áspero. Y con este nombre también se podían hacer muchas referencias a la mitología griega, que ya empezaba a tomar preponderancia en la novela.

Helena fue un personaje difícil, ya que tenía la complicada misión de dar normalidad al relato. Era el Mundo Real, alejado de los sueños de César, era quien sabía que había que hacer un trabajo, etc. Pero al mismo tiempo era un apoyo para el chico, él necesitaba sus ánimos para cumplir su misión. Poco a poco iría tomando la iniciativa de la narración, sobre todo en el capítulo de las hadas, es ella y no César quien conduce la leyenda.

Todo eso es muy interesante y demás, pero como ¿conectamos los dos Mundos? Y en ese momento recordé a Dante Aligheri y su “Divina Comedia”, un libro de difícil lectura, sobre todo en los Infiernos, y decidí crear mi propio Virgilio. El elegido fue don Francisco de Quevedo y Villegas, un poeta, al igual que Virgilio, pero también guerrero, caballero de la Orden de Santiago, con una ágil mente muy apropiada para guiar a los protagonistas por el Mundo de los Sueños. Así tenemos al guía, que en la categoría de los seres que habitan este mundo pertenece a los anfibios, que tienen la capacidad de viajar entre los distintos mundos.

“Una vez allí, Quevedo abrió las puertas del armario y una luz los envolvió. Se sintieron absorbidos y batidos, la sensación de estar en el bombo de la lavadora era muy real.”


Sevilla, 2011

Un rápido vistazo a cierta Historia

Posted by : Juan Carlos Loaysa | jueves, 25 de agosto de 2011 | Published in

¡Hola a todos!

¿Cómo os va la vida? No sé si alguien se sigue pasando por este blog a ver si hay actualizaciones, me temo que este año se habrá llevado un chasco. A modo de disculpa, si es que alguien se ha sentido molesto, solo decirle que lo he dedicado a estudiar un Máster, sí, de los de Bolonia, con todo el trabajo que ello conlleva y, la verdad, no he tenido tiempo para más. El otro blog sí ha tenido un mayor desarrollo, creo que se lo debía a la historia que en él se contaba. Y es que en cierto modo cuando alguien, independientemente de su calidad literaria, comienza a narrar una historia contrae un compromiso con sus personajes (y sus posibles lectores), en fin, no podía dejarlos abandonados.

Antes de seguir me gustaría señalar que este “proyecto de ensayo” estará salpicado de reflexiones metidas, quizá, con calzador o quizá no, ya que escribo a vuelapluma y es el único estilo que me permiten los escasos paréntesis intelectuales en mi labor de análisis de documentos y libros antiguos, o mejor dicho medievales, modernos y escasamente contemporáneos.

Uno de los fines de mis blogs es acercar la cultura de manera amena al mayor número de personas, no sé si estará conseguido o no, otro, es obvio, es dar salida a la inquietud escritora que en ocasiones me asalta. Y debido al primer fin no deja de asombrarme y, en ocasiones, ponerme de malhumor, la inmensa ignorancia de algunos sujetos. Ya lo dice el antiguo adagio, “la ignorancia es atrevida”.

No me gusta hablar directamente, normalmente lo hago a través de mis personajes, ni discutir de actualidad, es tan reciente que se pierde la perspectiva necesaria para hacer un análisis con serenidad, sin embargo, como habréis supuesto por el tono de este comienzo, voy a hacer una excepción, necesito expresarlo de alguna forma y como el blog es mío, pues ala.

Recientemente el Papa Benedicto XVI ha venido a España a celebrar la Jornada Mundial de la Juventud y, por supuesto, los ignorantes, de las que España está llena, han colmado de su furor las calles y han emborronado papeles (físicos o virtuales). También ha habido otros que, sabiendo de qué va el tema, han escrito sobre ello, estén o no de acuerdo con la Iglesia Católica, son sus opiniones, en general fundamentadas y razonadas.

Respeto las opiniones, razonadas ya lo he dicho, de los que no están de acuerdo con esta visita y me hacen gracia muchos comentarios ácidos, pero con una refinada maldad, que se han vertido recientemente. Sin embargo me gustaría aclarar algunos términos, imagino que algo estéril ya que no hay peor ciego que el que no quiere ver, sobre la Iglesia Católica y el Papa que la gobierna. En dicha aclaración habrá términos que quizá queden oscuros para algunos.

Por empezar por algún sitio, la Iglesia fue fundada por Jesús de Nazaret en las personas de los Apóstoles y los discípulos (hombres y mujeres) y, tras la confesión de fe de Simón, nombró a su vicario, o sea, su representante, embajador, lugarteniente... y le cambió el nombre. A partir de entonces sería Pedro, la piedra, y sobre él se edificaría la Eklessía, Asamblea. Al correr de los años, con Jesús muerto y resucitado, ¿por qué no creer el testimonio de los Evangelios, sometidos a crítica durante siglos? Esta crítica ha llegado a la conclusión de que no hay razones para que lo que contengan sea falso, interpolado, o añadido después. Así pues, si los Comentarii julianos se toman como fuente de historicidad ¿por qué no los Evangelios?

Cómo iba diciendo antes de la digresión, con el paso del tiempo la Asamblea se fue expandiendo por el contexto histórico cultural de su época, en ese momento el Imperio romano. Un macro estado antiguo formado a base de la adición de territorios, convertidos en provincias, lo que vendría a ser los ministerios actuales, y federaciones de ciudades, tribus, etc, bajo el gobierno del Príncipe y el Senado y el Pueblo de Roma.

Se produjo la curiosa coincidencia estructural de que surgió una religión de procedencia oriental monoteísta, jerarquizada y de carácter universal en un territorio gobernado por una burocracia que tendía cada vez más al centralismo, a la jerarquización y al universalismo. Esa religión fue el mitraísmo, asociada al culto imperial rápidamente.

Entre tanto, el cristianismo, el cual sigue a una persona que encarna una serie de ideales, se extendía por el Imperio. Algunos emperadores lo vieron como un peligroso competidor y aplicaron las medidas punitivas pertinentes. En otros casos fueron víctimas de la paranoia imperial, al igual que otros grupos del Imperio, como testimonian algunas fuentes de la época. Pedro murió en Roma bajo el gobierno de Nerón, al igual que Pablo, en un momento dado las figuras principales del impulso del cristianismo habían desaparecido, el último fue Juan, el primo menor de Jesús, al que no consiguieron matar y encerraron en la isla de Patmos.

Sin embargo la Asamblea fundada por Jesús de Nazaret se había extendido por el Imperio, con cierta unidad, no tenía la infraestructura necesaria para dar directrices universales, y había generado una amplia literatura, plasmada en los códices de pergamino que se pondrían tan de moda dejando de lado el papiro. Esta Asamblea era gobernada por los Ancianos, Episkopoi y Presbiteroi, que darían origen a los Obispos y presbíteros actuales. De esta forma fue surgiendo el modo de gobernar la Asamblea, o Iglesia si se prefiere. En cada rincón del Imperio fueron surgiendo Asambleas provinciales y diocesanas, según la distribución del Imperio romano en Provincias y éstas subdivididas en diócesis. Asimismo el fundamento religioso hebreo del cristianismo fue empapándose del helenismo de muchos de sus miembros, creando una doctrina universal y aplicable en todo momento.

El mitraísmo chocó pronto con el cristianismo, sin embargo, la capacidad adaptativa de este último lo absorbió muy pronto. Y es que el cristianismo tiene la inmensa capacidad de acoger a cualquiera en su seno, se adapta a las mil y una circunstancias del hombre, aunque eso sí, le exige un compromiso.

¡Vaya! ¡Me he ido completamente!

Yo quería hablar del porque la Iglesia Católica está gobernada por el Papa y los Obispos. Como hemos visto era voluntad de Jesús al fundar su Asamblea y en esta voluntad se justifica su existencia. Cuando, durante la Edad Media, la Iglesia Oriental se desgajó de la Occidental fue debido a un malentendido político y no religioso. La Iglesia también es una institución humana, sometida a los vaivenes temporales y estructurales de la Historia y como tal comete errores. La Iglesia Oriental y la Occidental eran muy diferentes en su concepción de la religiosidad y también de la forma de gobernarse. El razonamiento Oriental fue: “si el emperador está aquí (en Bizancio, Constantinopla), nosotros somos la cabeza de la Iglesia”, el Occidental fue: “el obispo de Roma es el sucesor de San Pedro, cabeza de la Iglesia, por tanto nosotros ostentamos la primacía”. Y así les fue, hasta hace bien poco no se han vuelto a hermanar.

Muchas vicisitudes ha sufrido la institución de la Iglesia Católica, tiene cerca de dos mil años, me parece muy lógico. Sin embargo sigue defendiendo su santidad, que no es otra cosa que un comportamiento justo ante los ojos de Dios. Para muchos es pura hipocresía, no obstante hay algo muy certero debajo de ello. La Iglesia afirma tener una dimensión espiritual, que es santa, que responde a la necesidad del hombre de buscar a Dios y esta es la labor principal de la Asamblea. Esa búsqueda del hombre está precedida por una búsqueda de Dios. Si Dios busca al hombre y el hombre a Dios, se terminarán encontrando, la Iglesia afirma que su misión es dar un cauce de verdad para que se produzca ese encuentro.

Será posible, ¡me he vuelto a desviar! Estábamos hablando de la institución humana. Ésta, como todo, y más hundiendo sus raíces en la Antigüedad, quizá la única del mundo, ha tenido, tiene y tendrá multitud de defectos e incluso aberraciones que sus enemigos (sí también tiene, ella es muy completa) no dejarán de señalar. Pero tiene la gran virtud, como hizo con el mitraísmo, como hizo con la filosofía helénica, como ha hecho con las corrientes de pensamiento modernas, de reinventarse a sí misma manteniendo sus sólidos cimientos intactos.

En fin, quería hablar de muchas cosas pero me reclaman los papeles, ¡míralos como gritan!, ensordecedor. Me gustaría que este cúmulo de palabras diera a conocer una versión diferente de la Historia, que se acercaran con nuevos ojos a la crítica, quizá pensamientos muy ambiciosos para cuatro palabras que he soltado aquí.

¡Un abrazo a todos!
Sevilla, 2011

V

Posted by : Juan Carlos Loaysa | viernes, 24 de junio de 2011 | Published in

¡Voilà! A primera vista un humilde veterano de vodevil en el papel de víctima y villano por vicisitudes del destino, este “visage” ya no más velo de vanidad es un vestigio de la vox populi ahora vacua desvanecida. Sin embargo esta valerosa visión de una extinta vejación se siente redivida y ha hecho voto de vencer el vil veneno de estas víboras en avanzada que vela por los violentos viciosos y por la violación de la voluntad. El único veredicto es venganza, vendetta, como voto, y no en vano, pues la valía y veracidad de ésta un día vindicará al vigilante y al virtuoso. La verdad, esta vichysoisse de verborrea se está volviendo muy verbosa. Así que solo añadiré que es un verdadero placer conocerte y que puedes llamarme V".

Aniversarios y demás asuntos

Posted by : Juan Carlos Loaysa | sábado, 11 de junio de 2011 | Published in

Queridos Lectores,

Cómo habéis podido comprobar hace mucho tiempo que no escribo en este blog, de hecho hoy me ha traído a teclear estas palabras una curiosa coincidencia. Por un lado ayer se cumplió el primer aniversario de la última entrada en el blog de Los Viejos Dioses, que espero que no sea la última aunque esté parado en la actualidad, y por otro, hoy se ha publicado la última entrada, esta vez definitiva, de Leyenda de un Sueño, en el blog Los relatos de Mashey.
Estoy bastante liado y, la verdad, ninguna historia me ha inspirado lo suficiente para dedicarle el tiempo que merece crearla dejando de lado otros asuntos más importantes. No voy a cerrar Los relatos, si no que contará una nueva historia, un nuevo relato.

Un abrazo a todos y espero que disfrutéis leyendo Leyenda como yo he disfrutado escribiéndola.

P.D. Me reservo el derecho de releerla y cambiar lo que haya menester cambiar.

Discurso de Noah Sander ante la ONU

Posted by : Juan Carlos Loaysa | jueves, 20 de enero de 2011 | Published in

"Estimados amigos de las Naciones Unidas, hoy nos hemos reunido aquí, en la ciudad de Düsseldorf, para discutir un acuciante problema que invade nuestro planeta."

Un murmullo, acallado por el Presidente del Consejo, se levantó en el hemiciclo. Los representantes de las Naciones se removían inquietos en sus asientos. Las palabras del consejero americano levantaban ampollas y abrían heridas que aún no habían cicatrizado.

"Hace pocos años, menos de una década" continuó el americano "sobrevivimos a lo que se ha conocido como Guerra Mundial Z, un enfrentamiento que se gestaba desde mediados del siglo XXI. Muchas naciones perecieron y durante la guerra la faz de nuestro planeta cambió. Ahora la plaga ha sido exterminada y erradicada, esperamos que para siempre. Después de la guerra surgieron los Super Estados en los que vivimos hoy día, estos compiten entre sí por los escasos recursos que nos quedan.
Bien, este es un problema al que nos vemos enfrentados y hago una llamada a compartir pacíficamente esos recursos.
Sin embargo hoy me dirijo a esta Cámara para tratar un nuevo problema, relacionado con el ya expuesto."

La tensión se respiraba en la Cámara, todos sabían a que se refería el orador, pero las opiniones estaban encontradas.

"La Tierra está siendo invadida por naves de un pueblo extraterrestre, al que muchos llaman Elfos por su parecido fisonómico con los mitos de la Antigüedad, que pretenden asentarse aquí y explotar los mermados recursos de nuestro planeta.
¡Oh, sí! Hay muchos que defienden que su tecnología y sus aparentes modos "mágicos", nos ayudarán a sobrevivir. Pero lo cierto es que se han encerrado en el hermetismo y viven en la colonia que tan generosamente le ha donado Nueva Europa en la ciudad de Buenos Aires.
De momento son pocos y poco sabemos de ellos, y lo poco que sabemos es de temer. Tienen una "magia" poderosa, ¿cómo han levantado esa ciudad que se alza al lado de Buenos Aires? ¿Cómo han llegado en esos barcos salidos de la Edad Media hasta nuestro planeta? ¿Qué prodigios son capaces de hacer?
Tenemos que ser cautos amigos míos, temo que una nueva guerra asole nuestro planeta y, si esto pasa, será muy diferente a cualquier otra...

Extracto del Discurso de Noah Sander ante el Consejo de las Naciones Unidas, 2162 d.C.
Recogido por Mashey Shumey en los Anales Drogheda.

Sevilla, 2011

Traductriz en proceso

Posted by : Juan Carlos Loaysa | martes, 12 de octubre de 2010 | Published in

–¡Hola! –dijo Mashey.
Todos los lectores lo miraron con asombro, era la primera vez que se dirigía a ellos directamente, bueno, todo lo directamente que podía. ¿Qué querría? Hacía tiempo que no les dirigía la palabra…
–Prestad atención unos instantes, por favor. Cómo ya sabéis, solo tenéis que mirar los blogs, hace tiempo que no publico nada. No he tenido ni tiempo ni ganas, la verdad.
El lyqash se quedó unos instantes pensativo, sus ojos amarronados se perdieron en el infinito, mientras una mano, actuando por sí sola se atusaba un mechón rebelde de su larga cabellera.
Todo el mundo se quedó en suspenso, esperando las siguientes palabras del autor de los Anales Drogheda.
–No sé si conocéis a Dafne, –alzó la voz el lyqash– es una dríade de la Arcadia, hija del río Peneo. Ahora se ha ido al país de los bávaros, en la Germania Inferior. ¿Queréis conocer sus aventuras? Yo espero que sí…
Un murmullo surgió entre los reunidos, algunos la conocían, otro no…
–Pues si queréis podéis conocer sus aventuras en:


Narra la historia de cómo una Ninfa asaltó Europa… –Mashey se calló y se increpó– shshs, cállate. No quiero desvelaros nada. Corred a verla y dadle un saludo de mi parte.

No es oro todo lo que reluce, ni toda la gente errante anda perdida

Posted by : Juan Carlos Loaysa | miércoles, 1 de septiembre de 2010 | Published in


No es oro todo lo que reluce

ni toda la gente errante anda perdida;

a las raíces profundas no llega la escarcha,

el viejo vigoroso no se marchita.


De las cenizas subirá un fuego,

y una luz asomará en las sombras;

el descoronado será de nuevo rey,

forjarán otra vez la espada rota.

Rivendel, Bilbo Bolsón

Relatos de Lucidez

Posted by : Juan Carlos Loaysa | sábado, 31 de julio de 2010 | Published in

−No te pago para esto –me llegó el potente vozarrón desde la puerta de mi habitáculo, por llamar de algún modo a lo que encerraban esas horribles paredes prefabricadas.
Levanté los ojos y lo miré por encima de las gafas, quienes habían decidido colocarse en la punta de mi nariz. Pausé la película y me quité los cascos mientras veía como mi jefe se iba convirtiendo lentamente en una incandescente bola de fuego.
“En realidad hace meses que no me pagas” pensé, pero no quería alimentar la hoguera.
Hacía meses que no publicaba nada, trabajaba en la sección de relatos de una revista y se suponía que debía producirlos como churros, una máquina perfectamente engrasada. Pero un día, de pronto, las ideas se esfumaron de mi mente. Y el muy cabrón no me dio vacaciones, al contrario, me envió a un loquero.
Quizá con las historias que le contaba al hombre bajito y calvo que me miraba en su amueblada consulta y hacía como que me escuchaba podría haber sacado material para un relato de terror. Pero estaba demasiado hastiado. Mi imaginación y mis ganas de trabajar habían emigrado al País de Nunca Jamás, quizá pensando que allí no madurarían…
La bola de fuego en potencia me seguía mirando, creo que esperaba una respuesta.
−Esto… −comencé− sé que tengo dos relatos empezados y que se han quedado parados. Pero las Musas se han ido.
En cierto modo era verdad, mi Musa se había ido al otro lado del Atlántico y no sabía si volvería. Había intentado sumergirme en el trabajo para huir de ello, pero no había funcionado, el hombre calvo me dijo que me enfrentara con la realidad y la superara, y así, a partir de lo que él denominaba realidad mi capacidad de narrar historias había acabado en el fondo de la papelera de ese horrible despacho.
La bola de fuego iba a explotar de un momento a otro… La cuenta atrás había empezado. Y de pronto:
−Márchate, −dijo− vete a por ella o inicia una búsqueda de las Musas o haz lo que te dé la gana. Pero dentro de un mes te quiero a pleno rendimiento aquí.

El mundo empezó a dar vueltas cuando el significado de sus palabras caló por fin en mi mente. ¿Estaría enfermo? ¿Había empezado a delirar? ¿Qué le pasaba a Richard?

Un espantoso zumbido empezó a sonar en el habitáculo. Me desperté sudando y sacudí la cabeza. Hoy tendría tema de conversación con el loquero.

Sevilla, Verano del 2010

Años de paz

Posted by : Juan Carlos Loaysa | martes, 15 de junio de 2010 | Published in

Ania contemplaba el mar desde el balcón de la casa de Amílcar, la bahía se mostraba tranquila, con un suave poniente que refrescaba la atmósfera. De la mano del fenicio estaba descubriendo quién era su marido, sin embargo había aspectos que ella guardaba para sí, eran su tesoro. Los años que habían pasado juntos en Gades no figuraban en los archivos que habían estado estudiando ya que pertenecían a la carrera, el Cursus Honorum “civil” de su marido.

La boda había sido maravillosa, la ceremonia se había hecho por confaerratio, figura que ya casi no se utilizaba ya que ataba a los esposos de por vida, sin posibilidad de ser anuladas a no ser que se cometiera flagrante adulterio. Marcus había adquirido una domus en la ciudad, dejando la villa de la Isla en manos de sus administradores y allí se mudaron. Ese mismo año se presentaba a las elecciones de duunvir. Aunque Gades tenía el rango de foederati había tomado las instituciones de los municipios romanos debido principalmente a que numerosos caballeros de Roma habían trasladado sus residencias a la ciudad.
Marcus pertenecía al Ordo Ecuestre, una clase social casi tan antigua como Roma, a la que el Imperio había elevado a su actual posición de Administradores del Estado. Marcus había iniciado su carrera ecuestre hacía pocos años y esperaba emular a algunos de sus antepasados obteniendo la adlectio imperial que le permitiría ingresar en el Senado romano. Ania sabía lo que aquello había significado: muchos años de separación.
Sin embargo en esa época eran felices juntos. Marcus estaba haciendo una gran carrera en el foro de la ciudad, no solo defendía a los caballeros romanos, sino que también se interesaba por los problemas de los ciudadanos gaditanos. Gades era una ciudad rica gracias a su comercio con la púrpura, casi de igual calidad que la tiria, y los fabricantes conservaban celosamente su secreto. También eran muy importantes los armadores romanos que habían instalado allí sus bases para el transporte del aceite de la Bética a Roma. En suma, los duunviri de Gades tenían que contender con los problemas derivados de gobernar la segunda ciudad más importante del Mediterráneo Occidental.
Marcus fue elegido duunviro y, junto con su colega, gobernaron la ciudad durante su año de mandato. Fue un año de paz. Dejó su puesto con fama de justo y de gran administrador, no tuvo que afrontar ninguna crisis. Tras dejar su servicio a la ciudad, los romanos no cobran por gobernar ya que se considera un honor desempeñar tal función, y pasó a ser un privatus.
Sin embargo un día todo cambió. Llegó un correo de Roma con órdenes de personarse en la Urbe lo antes posible. Era una gran oportunidad para su carrera. Y hacia allí marchó, muchos meses después me llamaría a su lado.

Sevilla, 2010

Hija de la Luna

Posted by : Juan Carlos Loaysa | miércoles, 9 de junio de 2010 | Published in

La Luna imperaba en el firmamento, iluminando las plateadas hojas del bosquecillo donde dormía al amparo de los ancianos árboles. Había bailado toda la noche al son de la música de las esferas, contemplando a su madre y acompañada por Baco y su séquito. El elixir del señor de la fiesta había corrido como un río salvaje y ahora se convertía en una danza sin fin.
Sus ojos, que contenían el estrellado firmamento, habían contemplado las hogueras en torno a las cuales sus gráciles pies, enfundados en sandalias, habían danzado.
Su dulce rostro miraba con curiosidad a los personajes que la rodeaban y sonreía a todos con sus labios de coral que iluminaban la noche como un lucero en medio de la oscuridad.
A su lado estaba el guerrero de larga melena que la acompañaba en la mayoría de sus aventuras y con el que compartía su vida. Ambos iniciaban la danza y ambos la finalizaban. Cuando la madre Luna se retiró ella se recostó en un árbol y el silencio se hizo en el bosque. Ella dormía entre los árboles y en un abrumador instante de ensueño, se formó una sonrisa en sus suaves labios de coral.

Córdoba, 15/IX/2009 – Sevilla, 9/VI/2010

Mauri

Posted by : Juan Carlos Loaysa | martes, 1 de junio de 2010 | Published in

La mañana casi había terminado cuando Ania despertó en la alcoba que Amílcar le había cedido. Una sierva esperaba para atenderle en las abluciones de la mañana. Cuando estuvo lista, Amílcar le salió al encuentro:
−He traído a un pedagogo para tu hija –y añadió− tu hijo ya tiene la edad suficiente para asistir a nuestras reuniones.
Una vez en el despacho de Amílcar los tres se volcaron sobre un pequeño fajo de documentos que estaban clasificadas bajo el nombre de bellum maurum

“La Guerra de los Mauri que Marcus Aelio Simnote me relató el día que nos conocimos comenzaba una tarde en la que la Legión descubrió la retaguardia del ejército enemigo. Las trompetas de la legión resonaron por la llanura llamando desafiantes a las hordas de mauri. Vestidos con pieles, cascabeles resonantes, tambores de cuero, la algarabía era tremenda. Los caballos, veloces y atléticos, danzaban alrededor de los guerreros.
Una lluvia de flechas cayó sobre los romanos. Sus escudos les protegieron. El Águila Imperial se elevaba impávida sobre nuestras cabezas, muchos hombres le pidieron la protección de la diosa Roma. Nuestros arqueros respondieron. El caos cundió en el ejército mauro.
La legión avanzó como un solo hombre, los escudos protegiendo el frente y los flancos. Marcus se encontraba junto a Victorinus y desde la loma contemplaban como el ondeante estandarte mauro daba órdenes a sus tropas. La legión avanzaba compacta hacia el enemigo.

Victorinus alzó la espada llamando a la caballería y lanzó la carga. La carrera fue rápida. Lo único que Marcus recordaba era que al momento siguiente estaban tras las líneas enemigas. Su espada chorreaba sangre y la respiración estaba agitada. Victorinus estaba dando las órdenes para reagruparnos. Lanzó una nueva carga, su casco relucía al sol, la espada bajaba y subía. Gritos de ánimo escapaban de vez en cuando de su garganta. Los hombres lo seguían con fiereza. Alejandro estaba en la batalla.

Los legionarios habían llegado al fragor de la batalla. El impacto fue terrible. Los hombres empujaban con sus largos escudos los cuerpos de los mauri. Estos intentaban defenderse con sus largas lanzas sin utilidad en la lucha cuerpo a cuerpo. Las lanzas fueron sustituidas por los largos cuchillos que se enfrentaron a las espadas de Roma.
La batalla decaía. El agotamiento se cernía sobre los soldados. Los mauri se defendían con desesperación. La sangre bañaba el blando suelo regado por el Betis. Los caballos, sin jinetes, huían desbocados. Poco a poco los mauri cedieron ante el empuje del Águila.
La resistencia del ejército mauro se quebró definitivamente. El Águila atravesó el duro lomo del Elefante mauro. La estampida fue violenta. En un último arranque la desorganizada caballería mauri se abalanzó sobre nuestras filas. Los caballos saltaban sobre los hombres ensartándose en los afilados pilum.

Cuando la noche desplegó su manto, las brillantes estrellas sorprendieron a los mauri en franca retirada. Victorinus dio la orden de persecución. La invasión en el Sur había sido parada, las legiones africanas se encargarían de expulsar a los restos de ejército mauro.”

Ania dejó el pergamino sobre con los ojos empañados por las lágrimas. Amílcar puso una mano sobre su hombro y le dijo:
−Lo volvería a ver dos años más tarde, cuando se había casado contigo y cumplía misiones en la Urbe.

Barcelona, 2007- Sevilla, 2010

Criptocristiano

Posted by : Juan Carlos Loaysa | miércoles, 21 de abril de 2010 | Published in

−Poco después de esa guerra nos conocimos y nos casamos −dijo Ania.
−Lo sé −respondió Amílcar− yo estaba allí, aunque no me recuerdes.
Ania asintió, aún quedaba bastante noche, muchos pergaminos estaban esparcidos por la mesa del comerciante y la historia solo había comenzado…
−Vuestro esposo me reveló un secreto que en este Imperio puede llegar a ser un delito de lesa majestad −dijo Amílcar− era cristiano y aquí podéis leer el relato que me hizo esa noche.
Ania tomó el pergamino en sus manos y comenzó a leer…

La Legión VII Gémina se puso en movimiento con las primeras luces del nuevo día. Nos había llegado el desesperado mensaje de la Bética: los mauri eran una imparable invasión. El legado Victorinus puso en pie a los soldados para emprender la larga marcha hacia el Sur. Cruzamos la península a marchas forzadas para, finalmente, entrar en la Bética por el sur de la Lusitania.

Esa noche las estrellas tenían un especial brillo, Victorinus se alejó del campamento. Ya lo había hecho otras veces y yo movido por la curiosidad me decidí a seguirlo. Los altos álamos de pálido tronco eran iluminados por la suave luz plateada. Del oscuro suelo en tinieblas nacían verdes piedras húmedas en afloramientos de esmeralda.

Se adentró por el bosque hasta alcanzar un llano, yo me escondí entre los arbusto cercanos. Victorinus se arrodilló en la oscuridad y extendió los brazos recortados contra el cielo. Con la mirada contemplando el tachonado firmamento elevó la plegaria:

“Dios mío y Señor mío ayúdame en esta hora. Dame tu valor en la batalla. Que tu Santo Hijo me acompañe en la lucha y su Espíritu me fortalezca en la necesidad.”
Yo escuché estas palabras asustado pero a la vez con un inmenso placer. El legado del emperador era cristiano, al igual que yo. Hace falta mucho coraje para ser seguidor de Jesús en esta época como bien sabrás, Amílcar.

Yo por mi parte me retiré, pero un ruido quebró mi huida. Victorinus me descubrió, sin embargo dejó que me fuera. Aunque nunca olvidaré su mirada teñida de desafío.
A partir de esa noche no dejé de preguntarme si en realidad me había visto y, de ser así, porque no me llamaba a su presencia. Entre tanto él cabalgaba al frente de la Legión, su roja capa alzada por el tórrido viento del sur hispano. El plateado casco, con la tupida crin, despedía destellos de sol. Sus oscuros ojos sondeaban el horizonte, estando pendiente de las necesidades de su ejército. Paseando durante las paradas entre los grupos de legionarios animándoles a la batalla, exhortándoles a hacer un buen trabajo, a cuidar cada detalle de la vida cotidiana. En suma, preparándolo todo para el más que posible enfrentamiento.

La noche antes del enfrentamiento con el enemigo, aunque aún no sabíamos que éste estaba tan cerca, Victorinus me llamó a su tienda. Me encaminé allí temeroso.
–Buenas noches, Aelio –me saludó– pasa y toma asiento.
Me ofreció una copa de vino y a continuación dibujó con un palo un pez en la tierra batida:
–¿Sabes que significa esto?
–Es el símbolo de los seguidores de Cristo, los cristianos −apenas podía hablar.
– Muy cierto, ¿conoces algo de ellos? –sus oscuros ojos me miraron bondadosos.
–Sí, fui bautizado en esa religión cuando era pequeño, mi madre es cristiana. Aunque me dirijo poco a Cristo –confesé.
Victorinus se levantó de la silla:
–Pues ya es hora de que empieces. Comienza por pedir al Señor que nos conceda la batalla –con un gesto me retiró la audiencia.
Yo salí de la tienda bastante sorprendido. Desde ese día rogué al Señor que nos ayudase en la batalla como le había oído pedírselo a Victorinus.

Ania levantó los ojos llorosos del pergamino, mientras lo leía le había parecido oír las palabras de su marido hablándole a través de la tinta oxidada. Ella sabía que la educación de su marido, nacido y educado en Barcino, se había visto influenciada por la nueva religión oriental, pero ignoraba que sus creencias fueran tan fuertes.
Amílcar guardó silencio mientras contemplaba el dolor de la mujer de su amigo. Se levantó pesadamente y le puso una manta sobre los hombros.
−Duerme −dijo− mañana te contaré como tu marido fue un héroe.


Barcelona, 2007- Sevilla, 2010

MMDCCXLIII ab Urbe Condita

El Tribuno

Posted by : Juan Carlos Loaysa | martes, 13 de abril de 2010 | Published in

Hace muchos años, a mediados del reinado de Marco Aurelio, la provincia de la Bética se vio invadida por una Confederación de tribus norteafricanas. Aprovecharon que el Imperio estaba en guerra en su limes oriental para atacar lo que creían una tierra indefensa. En el trascurso de esa guerra, por una afortunada casualidad Marcus y yo nos conocimos...

Atardecía. El sol se desplazaba lentamente hacia el brumoso océano. Un hombre cabalgaba por la calzada que corría junto a un bosquecillo, parecía tener prisa por lograr su objetivo. El caballo estaba al límite de su resistencia, la espuma le corría por la boca. El eco de los cascos sobre la piedra resonaba en la soledad sombría.

El valle del río Betis se abría para abrazar con ternura las zonas lacustres de las marismas, donde el río se uniría eternamente al océano. El jinete abrumado por el cansancio de la galopada se curvaba sobre la silla. Las piernas colgantes apenas apretaban ya los costados del noble bruto.

El caballo percibiendo la falta de control del jinete se fue deteniendo progresivamente. El jinete, amodorrado, le dejó hacer. Pararon junto al camino. El caballo se acercó a los helechos.

De entre la maleza surgió un hombre que se encaminó decidido hacia el jinete tumbado sobre la dura tierra. El caballo lo miró de reojo, pero siguió pastando tranquilamente. El hombre contempló al jinete un tiempo y satisfecho con lo que veía se acercó aún más:
−¿Cómo os llamáis y qué estáis haciendo aquí?− preguntó el hombre. El otro se incorporó como una flecha.
−Un romano −suspiró el jinete−. Salve. Me llamo Marcus Aelio Simnote, Tribuno de Aufidius Victorinus.
−Yo soy Amílcar Psímaco, ciudadano romano de Gades. ¿Cómo va la guerra? −Amílcar pensó un momento− pero antes de hablar vamos a mi casa donde podrás recuperarte.

La luna había comenzado su curso por el firmamento cuando llegaron a una casa en el corazón del bosque. Los árboles crecían altos a su alrededor, ésta era de ladrillos, sencilla pero muy fresca. Estaba protegida de la noche de las marismas por densas esteras de junco. Presidiendo la sala se alzaba una imagen de Hércules– Melkart.
Amílcar sirvió dos copas de vino y puso sobre la mesa una bandeja con carne fría:
−Siento la frugalidad de la comida, pero desde que empezó la invasión estoy viviendo aquí. ¿La ciudad todavía resiste? ¿Las puertas del templo continúan abiertas?
−La guerra contra los mauri está casi concluida, aunque ha sido tan difícil. Es una larga historia −dijo Marcus.
−Bien. Pues resumidla −sentenció Amílcar.
−De acuerdo. Cómo sabéis las hordas entraron cruzando las columnas de Hércules procedentes de la provincia de Mauritania; eran los mauri. Entraron devastándolo todo, el pillaje asoló la fértil Bética…







Barcelona, 2007- Sevilla, 2010

El testamento

Posted by : Juan Carlos Loaysa | lunes, 5 de abril de 2010 | Published in

Las luces de mansión del comerciante Amílcar, en Gades, aún no se habían apagado. En el despacho del señor de la casa tenía lugar una reunión singular. Amílcar había llevado a Ania y a su familia a su hogar, ahora los niños dormían mientras que ambos estudiaban la documentación que el púnico había reunido a lo largo de los años. Esta consistía en una amplia colección de cartas, firmadas todas con el sello el Marcus. La cabeza de un lobo se repetía en todos los documentos, certificando que le pertenecían. Muchos de estos documentos estaban escritos en clave, otros en latín, griego y púnico.

−Los he estudiado y clasificado −dijo Amílcar− he transcrito los documentos encriptados y he podido reconstruir la vida de tu marido a partir de ellos. Tu marido no fue solo un Caballero del Imperio, también era un Legado Imperial y, en secreto…

Amílcar se interrumpió, sus ojos negros se dirigieron a Ania, mientras una sonrisa se extendía por su rostro. La mujer lo miró, sus ojos verdes se clavaron en el púnico y sacudió la oscura melena para despejarse:

−Estoy bien −dijo mirándole fijamente− continúa por favor.

−Muy bien −asintió Amílcar− pero antes te tengo que explicar un poco la situación política en que vivió tu marido.

−Desde hace generaciones diferentes familias hispanas han ocupado asientos en el Senado de Roma, incluso algunos, como el divino Trajano, han llegado a ser emperadores. Tras la experiencia con la familia Julia y las Guerras Civiles que se han desatado por alcanzar la púrpura del princeps, los siguientes emperadores decidieron nombrar sucesores a aquellas personas que presentaran capacitación para el mando, para estar al frente de una Administración tan compleja como es la de Roma. Así Nerva adoptó a Trajano, este a Adriano, y este preparó a sus sucesores, Antonino, Marco Aurelio y Lucio Vero. Marco Aurelio y Lucio Vero eran una pareja formidable, unos emperadores como jamás los tuvo Roma. Ambos gobernaros conjuntamente hasta la muerte de Vero, cuando Marco Aurelio empezó a gobernar en solitario….

Marco Aurelio gobernó un Estado en guerra en todas sus fronteras y en el interior, se enfrentó a facciones del Senado y dilató el nombramiento de un heredero durante mucho tiempo. En sus últimos años de vida compartió el poder con el César Cómodo, quien ostenta ahora la púrpura. No obstante, gran parte del Senado no estaba de acuerdo con esta decisión, el legado de Nerva se rompía ya que, en su opinión, Cómodo no tenía cualidades para gobernar. Las conspiraciones son muchas y el empleo de los agens in rebus numeroso. Marcus era uno de ellos, pero comencemos por el principio, la noche es joven todavía.



Sevilla, 2010

El funeral

Posted by : Juan Carlos Loaysa | lunes, 29 de marzo de 2010 | Published in

D.M.S

M. AEL. SIMNOTE.
EQ. T.M. D.M.GAD.
P.URB. L.I.GER.
XXX ANN.
H.S.E. S.T.T.L.

Ania lloraba delante de la fría piedra que señalaba el lugar de sepultura de su marido. Su cabello oscuro caía suelto en señal de duelo, flanqueándola se encontraban sus hijos, un joven de dieciséis años, que pronto seguiría los pasos de su padre y una niña de pocos años de edad. Lloraba por la pérdida de su marido, sin embargo apenas lo conocía. Había pasado la mayor de la vida que llevaban casados ocupado en diversas misiones al servicio del Estado, o lo que era lo mismo, al servicio del emperador. Y ahora lo único que le quedaba de él era esa fría lápida de mármol con el epígrafe inscrito en ella y una exigua renta que, sin duda, nadie le haría llegar.

−Consagrado a los dioses Manes. Marcus Aelio Simnote, Caballero, Tribuno Militar, Dunviro del Municipio gaditano, Pretor Urbano, Legado del Emperador en Germania. De treinta años, aquí yace, sea te la tierra leve −leyó una voz− descansa en paz amigo.

Un anciano se había colocado silenciosamente cerca de la familia y había leído la inscripción.

−Ha tenido una vida completa, llena de honores −dijo Ania− pero es un pálido reflejo de lo que realmente fue su vida
−Cierto −asintió el anciano− en ella no se cuenta nada de su vida

Ania se volvió hacia el anciano con la curiosidad reflejada en los ojos:
−¿Qué conoces de su vida anciano?
−Permitid que me presente −dijo este− me llamo Amílcar Psímaco, ciudadano romano de Gades. Conocí a tu marido hace muchos años, durante la guerra de los mauri, allí me hizo guardián de la historia de su vida: de la historia secreta de su vida.
−¿Secreta?− dijo Ania.
−No creo que Marcus muriera en la guerra contra los germanos, creo que fue asesinado por orden del emperador− susurró.
Ania abrió los ojos sorprendida:
−¿Cómo es posible?
−Vuestro marido era agens in rebus, encargado de la cosas −dijo Amílcar− un eufemismo imperial para designar a los agentes secretos. Necesitas saber su historia para reclamar al Fisco lo que te corresponde por derecho.


Sevilla, 2010

Los Viejos Dioses

Posted by : Juan Carlos Loaysa | martes, 23 de marzo de 2010 | Published in

Las casualidades de la vida...

Quizá sea anagké, como dirían los griegos, o, seguramente, mera coincidencia.

En el año 2009, un 22 de enero, tras pensarlo bastante me decidí a abrir un blog: Los Relatos de Mashey, con la idea de colgar mis relatos y compartirlos con otras personas. Sin embargo pronto me ví absorvido por la historia de César y Helena, que ya dura en el tiempo. Relatos me ha servido como laboratorio para experimentar en el mundo de los blogs y conocer la acogida de mis historias entre el público, sin embargo, pronto se quedó pequeño. Y así fue como, otro 22, esta vez en el mes de mayo, nació este blog en el que os encontráis, Héspera, formado por retazos de viejos relatos y trozos de una novela que no se publicó, Héspera, el atardecer de Hibernia.

Ayer, 22 de marzo, El Aprendiz de Historiador, Bardo y yo abrimos un nuevo blog: Historias de los Viejos Dioses. En el fondo es el resultado de cientos de conversaciones, acerca de lo humano y lo divino, en la cafetería de la Facultad de Filosofía y Letras de Córdoba, donde las inquietudes de tres estudiantes que estaban acabando la carrera construían castillos de hipótesis, fortalezas de artículos, ciudadelas de ideas...
En fin, el propósito de este blog, que comparte con el relato de Leyenda de un Sueño, es hacer llegar la mitología, principalmente grecolatina, aunque espero que no solo, a todo aquel que quiera leerlo, a través de relatos, artículos, críticas de cine y literarias y todo aquello que se nos ocurra.

Espero que lo disfrutéis, un saludo a todos

El hijo de la Argiva. El desafío

Posted by : Juan Carlos Loaysa | lunes, 22 de marzo de 2010 | Published in

Un hombre contemplaba las olas del Ponto estrellarse contra las costas de la Isla de Sérifos. Estaba en la playa rememorando los hechos que acababan de acaecer en la isla: su hermano Policdetes acaba de dar un golpe contra la monarquía de la isla y se había autoproclamado rey. Pronto las cosas volverían a su cauce, pero conocía el carácter voluble de su hermano y rogaba a los dioses que sus desafueros no fueran más allá del umbral del palacio que ahora ocupaba.
En ese momento se fijó en un objeto que la corriente había dejado en la playa, un enorme baúl de madera con refuerzo de hierro. Se acercó prudentemente, un regalo de Posidón siempre podía ser peligroso. El cofre se estremeció, una voz parecía salir de él. El hombre tiró de él hasta un lugar seco y lo abrió. Se quedó atónito al descubrir a una bella joven que la miraba temerosa, la ayudó a salir y entonces se dio cuenta de que estaba embarazada:
“Me llamo Dictis” se presentó.
“Yo soy Dánae, hija de Arcisio, rey de Argos.”
En ese momento dio un grito de dolor y se llevó las manos a la abultada barriga:
“Mi hijo, ya viene.”
Pasaron diecisiete años, durante los cuales Dictis acogió a Dánae y educó y crió a su hijo como si fuera su propio padre. Perseo se convirtió en un joven atlético de cabellos oscuros y ensortijados, de penetrantes ojos azules. El joven se dedicaba a la caza y a las competiciones atléticas, destacando por encima de sus oponentes en tiro de disco, una pesada pieza de metal que requería una especial habilidad para ser lanzada. Un día Dictis fue convocado al palacio y se le ordenó llevar consigo a Dánae y a Perseo. Temía lo que su hermano podría hacer al ver a la mujer que había acogido en su casa, Dánae se había convertido en una bella mujer de carácter y fuerza.
La velada transcurrió sin incidentes, hasta que el tirano, borracho, provocó a Dánae. Ésta enrojeció por la ofensa pero se mantuvo en silencio. Perseo miró furiosamente hacia el sitial del anfitrión y dijo:
“Los dioses dieron normas de hospitalidad a los hombres, sin embargo en este lupanar no veo que se cumpla ninguna de ellas, más bien por el contrario, el anfitrión se divierte infringiéndolas.”
Policdetes, rojo de ira ante el insulto, vociferó:
“¡Insolente! ¿Cómo osas dirigirte al rey de tu tierra de esta manera? Te guste o no, tu madre se quedará en este palacio, solo podrás liberarla si me traes la cabeza de la Gorgona Medusa en una bolsa.”
Medusa era un horrible ser, hija de titanes, medio mujer, medio serpiente, con el poder de convertir a los hombres en piedra, se decía que sus cabellos eran en realidad serpientes de poderosa mirada. Perseo miró a su madre con suavidad, temeroso de enfrentarse a la prueba pero decidido a salvar a su madre. El silencio se prolongó largo tiempo.
“Ya me parecía a mí que el gallito cacareaba demasiado rápido” dijo el tirano.
Perseo le miró con dureza y con un rictus de odio en la boca se volvió para salir del palacio:
“Volveré madre.”

La historia continúa en Historias de los Viejos Dioses

Sevilla, 2010

El hijo de la Argiva. El comienzo

Posted by : Juan Carlos Loaysa | sábado, 20 de marzo de 2010 | Published in

Los dos niños no querían irse a dormir. Presentían que era un momento especial: estaba allí el abuelo, y querían ver todo lo que ocurriese. Pero mamá estaba muy pesada…
“Marta, déjalos” interrumpió el abuelo “¡sentaos aquí!
Ellos, poco dispuestos a irse, aprovecharon la ocasión y se sentaron en la moqueta a los pies del abuelo:
“Os voy a contar la historia de un príncipe de hace mucho, mucho tiempo. La Historia del Príncipe Perseo, de cómo mató a Medusa y se convirtió en el rey más poderoso de toda Grecia”

En el ágora de Tirinto, ciudadela de los dioses, era día de mercado. Entre la algarabía reinante un pequeño grupo, que iba engrosando con el paso del tiempo, permanecía en silencio escuchando a un solo hombre. Éste era un anciano de ojos cegados, cuya melodiosa voz tenía acentos de las tierras de más allá del Egeo, de las ciudades de la Jonia cercanas a los bárbaros de Oriente.
“¿Sabéis quién fundó la ciudad de Micenas, la rica en oro? ¿Conocéis las historias de los reyes y príncipes que contribuyeron al engrandecimiento de los Perseidas? Os voy a relatar una historia sin parangón, una historia de misterios, traiciones, aventuras… Espero que la Musa, hija de Zeus, me conceda la gracia y la voz para transmitir aquello que me susurra al oído…”
En la ciudad de Argos, hace mucho tiempo, reinaba Arcisio. Tenía una hija, Dánae, una bella niña de cabellos dorados y ojos oscuros, de danzarines piernas y melodiosa voz. El rey estaba feliz ya que su reino, que tanto le había costado conseguir, ya tenía una heredera. Sin embargo el dios de Delfos acabó con esta alegría. Profetizó que el hijo de Dánae mataría a su abuelo y lo sustituiría en el trono. Ante esto, Arcisio, temeroso de los designios del dios encerró a su hija, cuando ya había alcanzado la edad de tener hijos, en una alta torre de su palacio.
Un día, Zeus, el padre de los dioses y señor del Olimpo, descubrió a la joven en su prisión y enamorado de ella decidió entrar en la estancia. Esa tarde cuando Dánae contemplaba melancólica las paredes de la habitación en la que estaba encerrada, sin que ni siquiera un rayo de sol pudiera colarse por una ventana vio un prodigio: un líquido dorado goteaba del techo. La princesa no se movió de lugar mientras esperaba a ver en que acaba todo aquello.
De pronto del charco dorado surgió un hombre, de barba negra y espesa, ojos azules, fuerte y que irradiaba una poderosa autoridad. Sin palabras, la princesa sabía que quien la visitaba era un dios, se contemplaron mutuamente. La princesa clavó sus negros ojos en la figura mientras la pasión se encendía en su pecho.

Arcisio no daba crédito al hecho palpable de que su hija estaba embarazada de varios meses, la profecía del dios parecía inevitable. Sin embargo aún podía hacerse algo, temeroso de perder la vida a las manos del fruto de su hija, la encerró en un enorme baúl de madera y la arrojó al mar, el Ponto se encargaría, y con suerte sería devorada por alguno de los animales de Posidón, y, o eso esperaba, no volvería a saber de ellos nunca más.

Sevilla, 2010